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Pregunta 262:

Si Dios es el padre, y Jesús es el hijo, ¿quién es entonces la madre?

 

Respuesta:

Esta pregunta es útil en cuanto que nos posibilita clarificar que es aquello que los cristianos no creen. El modo en que se formula la pregunta sugiere la idea de que existe algún tipo de relación biológica entre Dios y Jesús, como la que existe en un padre humano y su hijo. Esta idea conduce a la concepción totalmente inaceptable de que Dios tuvo una relación sexual con una mujer para tener a su hijo, a Jesús. Estas ideas son tan inaceptables para los cristianos como lo serían para los musulmanes. Dios es sumamente trascendente, y, por consiguiente, no puede tener un hijo o implicarse en una relación sexual.

 

Los cristianos se esfuerzan por expresar con términos que proceden de nuestro mundo físico, corporal, las cosas celestiales, que son trascendentes y escapan totalmente a nuestra capacidad para entenderlas o expresarlas. Los cristianos creen en la unidad indivisible de Dios, pero ven en la revelación de Dios a través de la persona de Cristo un destello de esa unidad que está más allá de la capacidad de nuestros lenguajes y conceptos terrenales como para poder expresarla. Los cristianos comprende a Dios como un ser dinámico, más bien que como un ser estático e inerte. Si los primeros cristianos hubieran tenido acceso al vocabulario de los científicos actuales, podrían haber elegido términos abstractos para expresar esta convicción, como, por ejemplo, «el origen de todo lo que existe» y «el origen manifestado en palabra y acción». Podrían haber elegido términos teológicos, como «Creador» y «Revelador». Sin embargo, eran hombres y mujeres impregnados de la tradición bíblica del judaísmo, así que buscaron los términos cuyo significado procedía de las Escrituras hebreas.

 

Antes de seguir adelante, es fundamental que recordemos que habría sido impensable para los judíos como también para los primeros cristianos hablar de Jesús, en cierto modo, como un dios junto al único Dios verdadero. Al judaísmo, entonces como ahora, le repugna totalmente una concepción politeísta de Dios. Así que, cualquiera que sea el significado de los términos en cuestión, no pueden referirse en modo alguno a una relación biológica entre Dios y Jesús, a una relación sexual entre Dios y María o a una relación politeísta dentro de Dios o  a su lado. Por consiguiente, ¿qué quieren decir los cristianos con esos términos?

 

A lo largo de los siglos, la fe cristiana ha sostenido tradicionalmente que Jesús nació de la Virgen María sin intervención humana, angélica o divina, de un modo sexual. María se quedó embarazada como resultado directo del mandato divino «que se/exista/suceda». Esta orden muestra el poder absoluto de Dios en acción, como ya se hizo evidente al crear la vida en la tierra. No podemos explicar plenamente la biología relativa a la concepción de Jesús en el seno de su madre, María. De nuevo, resulta más fácil decir lo que no queremos decir. Es decir, Jesús no tenía el ADN de Dios en sus células; estas son elementos físicos de las criaturas terrenales, y Dios trasciende todo esto. Cuanto era necesario para la creación del cuerpo físico de Jesús procedía del mundo físico a través del cuerpo de María. Es un misterio que nos esforzamos por explicar. Quizá, al igual que otras criaturas que pueden reproducirse sin una pareja, el poder de Dios lo hizo posible en el caso excepcional de María. Basta con decir que Jesús no tuvo un padre biológico.

 

Cuando las primeras generaciones cristianas buscaron las palabras para expresar su fe en lo que había hecho Dios al traer a Jesús al mundo, lógicamente recurrieron al vocabulario de las Escrituras hebreas, que eran el cimiento de su fe. Estas Escrituras eran y continúan siendo las que usan los judíos, y, por consiguiente, proceden de muchos siglos anteriores a Jesús. En ellas encontraron ese modo de hablar de Dios como el padre del pueblo hebreo (Deuteronomio 32,6), el padre del rey (2 Samuel 7,14) y el padre de los pobres y de los huérfanos (Salmo 68,5). Obviamente, no se trata de una descripción biológica, como tampoco lo es cuando se habla de Muhammad Ali Jinnah como el padre de Pakistán. Tanto la tradición judía como la cristiana usan este vocabulario personal cuando hablan de Dios para manifestar la intimidad de la relación, que no puede expresarse en términos impersonales.

 

Este vocabulario personal e íntimo se usaba en las Escrituras hebreas para hablar de la relación de Dios, que es «como un padre»,  y de algunas de sus criaturas, que son «como un hijo». En las Escrituras hebreas se aplica el término «hijo de Dios» a cuatro categorías de personas.

1. La totalidad del pueblo hebreo, en la medida en que vivía obedeciendo a Dios (Éxodo 4,21-23).  

2. El rey de Israel, cuando gobernaba de acuerdo con los mandamientos divinos, cuidaba del pueblo y lo representaba ante Dios (Salmo 2,7).

3. Los ángeles, que son los mensajeros obedientes de Dios (Génesis 6,2-4).

4. Los justos, cuyas vidas reflejan la luz de Dios de tal modo que manifiestan su gloria (Sirácida 4,10). 

 

Es esencial percibir aquí que el término «hijo de Dios» no es una descripción biológica, sino, más bien, una «descripción de un puesto». Fue este uso en la Escrituras hebreas el que dio el contenido inicial al título, tal como se desarrolló y se aplicó a Jesús con una singularidad expresada mediante la utilización de la mayúscula: el «Hijo de Dios». No se trata de una descripción biológica, como da a entender la formulación de la pregunta inicial, sino de un título que connota una relación exclusiva entre Dios y Jesús. Para una ulterior explicación sobre este tema, véase, en la cronología de preguntas, la pregunta número 1 y las referencias que hacemos allí. 

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Prof. Dr. Christian W. Troll,

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