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Pregunta 267:

¿Por qué envió Dios a su ÚNICO hijo para que lo matara gente corriente? ¿Se inventó Jesús el infierno y el cielo? Si un cristiano mata a mucha gente inocente, ¿lo perdonará Jesús?

Respuesta: 

 

Su pregunta consta de tres cuestiones diferentes: 

  1. ¿Por qué decidió Dios hacerse en Jesucristo un ser humano mortal y permitir que se matara a este ser humano inocente, incluso cruelmente, mediante el castigo de la crucifixión? 
  2. ¿Se inventó Jesús el cielo y el infierno? ¿Qué dice al respecto la doctrina católica?
  3. ¿Perdona Jesús a un cristiano, aunque haya matada a mucha gente inocente?

 

Con respecto a n. 1, léase lo que se dice en esta página web en Tema 2, III y IV parte; Preguntas y respuestas 265; 249; 97; 12

Cuando miramos a Jesús de Nazaret, el siervo absolutamente inocente de Dios, crucificado por los seres humanos como un criminal, se agudiza el problema de la providencia divina. De forma muy sucinta, podemos decir sobre el plan general de Dios: «Primero se encuentra la iniciativa divina. Dios es el alfa y la omega. Todo procede de Dios y a él regresa. Esto es lo queremos decir cuando afirmamos que Dios es el Creador. En segundo lugar nos encontramos con la respuesta humana a la iniciativa divina, que puede ser positiva (respuesta de gracia) o negativa (respuesta pecaminosa). En tercer lugar se produce la respuesta divina a la respuesta humana. Lo que significa que Dios ha creado un mundo en el que libremente ha elegido respetar la dignidad y la integridad de nuestra libertad humana, aun cuando esta conduzca a una acción destructiva. En una palabra, Dios ha creado un mundo en el que él, como Creador, depende realmente de nuestra respuesta libre a la iniciativa divina para dar así forma al mundo en el que vivimos. ¡Lo que hagamos influye profundamente en Dios! Podemos construir la tierra, llevando a cabo así la intención divina mediante una transformación progresiva, o podemos destruirla, y cumplir de este modo la intención divina mediante una destrucción catastrófica. La cuestión es la siguiente: las opciones son reales, pero, en ambos casos, se logrará en última instancia la intencionalidad divina. De hecho, la intención divina está ya lográndose ya aquí y ahora a través de nosotros. La forma futura del reino de Dios depende de si elegimos o no ser co-creadores con Dios de ese futuro. 

«La cruz es donde vemos más plenamente realizado este plan providencial. En mi opinión (escribe  Michael L. Cook, SJ), el Padre no envió a su Hijo al mundo para morir en la cruz. Solo un Dios monstruoso haría una cosa así. El Padre envió a su Hijo a proclamar su amor inmenso y a realizarlo en un reino de gracia transformadora. La respuesta humana a esta iniciativa divina fue doble. Por parte de Jesús, consistió en mantenerse fiel (obediente) a la misión dada hasta la muerte. Por parte de sus enemigos, consistió en rechazar la iniciativa divina y crucificar al Hijo amado de Dios. Así pues, no fue Dios quien creó la cruz, sino los seres humanos. En este sentido, la cruz es primero un símbolo del pecado humano y solo así puede verse como una ofrenda continua de amor divino. La respuesta divina a la fidelidad de Jesús y a la tragedia del rechazo humano, fue resucitar a Jesús de entre los muertos. La aceptación del Padre de su Hijo amado en la fuerza del Espíritu en el momento de su rechazo y abandono, significa que Dios se mantiene fiel en el amor a pesar de nuestro pecado. Pero también significa que desde entonces vivimos bajo el signo de la cruz –un signo de la tragedia humana–» (Michael L. Cook, Responses to 101 Questions about Jesus, St. Paul’s, Bombay 1995, pp.  80-81). 

Con respecto a n. 2

Sobre la doctrina católica acerca del cielo y del infierno, véase Tema 13: Muerte, juicio, vida eterna, II: Visión cristiana. Véanse también Preguntas y respuestas nn. 123; 183; 25; 141.

Con respecto a n. 3

Sí, Jesucristo está dispuesto a perdonar al pecador, cualquiera que sea el pecado cometido. Pero la condición es un verdadero arrepentimiento, es decir, una conversión del corazón, un rechazo del mal y una determinación radical para comenzar de nuevo. Cuando hablamos del sacramento de la penitencia, subrayamos la firme intención del propósito de la enmienda con respecto al mal cometido. Usamos la palabra «confesión» para describir la propia confesión personal de los pecados. También utilizamos la expresión «sacramento de la reconciliación», para mostrar que Dios nos reconcilia con él.

 

Para más información sobre esta cuestión, véase Tema 3: Cruz, pecado, redención, II: Perspectiva cristiana, y Preguntas  y respuestas nn. 193; 192; 241; 257. 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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