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Pregunta 295:

¿Por qué ayunan los cristianos?

 

Respuesta:

El cristianismo ha adquirido su configuración práctica del ayuno de diversas fuentes. Una de ellas era el ayuno practicado por los judíos. Estos ayunaban en el «Día de la Expiación» (Yom Kippur), que en lengua alemana se denomina en general el día de la reconciliación, y entendían este ayuno como un signo de la expiación por los pecados cometidos durante el año transcurrido. El ayuno con motivo del Yom Kippur hizo posible que los cristianos entendieran su ayuno como un acto semejante de arrepentimiento. Posteriormente, surgió en el judaísmo la costumbre de ayunar como signo de luto por la destrucción del templo en el 587 a.C. y en el 70 d.C. A este ayuno le acompañaba el signo de rasgarse las vestiduras. El ayuno se acompañaba también vistiéndose con ropa áspera y simple, y cubriéndose el cuerpo con ceniza (de ahí que a menudo se le describa como vestirse «de saco y ceniza»). Así pues, el ayuno se veía como expresión del arrepentimiento por los pecados cometidos y como signo de la disposición de un nuevo comienzo para llevar una vida de piedad. Los cristianos aceptaron estas actitudes y prácticas. Tanto los judíos como los cristianos consideraban como obras buenas gratas a Dios la oración, el ayuno y la limosna. Otros dos elementos de la fe y de la vida del judaísmo se integraron en el cristianismo: el ayuno entendido como una forma de oración intensa de petición (2 Samuel 12,16; 1 Reyes 21,27; Nehemías 1,4-11) y como un medio para buscar la revelación de Dios (Daniel 9,3; 10,2-3). 

Otra de las fuentes en la que se inspira el ayuno cristiano era la praxis religiosa de los griegos, entre quienes vivían. Estos entendían el ayuno como una vía para obtener el conocimiento divino y liberarse de las necesidades corporales, y alcanzar, así, una estrecha unión con Dios. Los griegos también conocían las ventajas medicinales del ayuno, sobre en todo en el caso de las enfermedades inflamatorias. De esta fuente asumieron los cristianos la praxis del ayuno para conservar o conseguir la salud corporal y espiritual.

Jesús mantuvo un largo ayuno de «cuarenta días» en el desierto como preparación para su ministerio público (Lucas 4,2). La expresión bíblica «cuarenta días» no se refiere al número exacto de días que duró el ayuno, sino que significa «un tiempo largo». Posteriormente, fue aceptado como modelo para los grandes tiempos litúrgicos de ayuno de la Iglesia. Deben distinguirse dos tipos de ayuno, el ayuno comunitario, observado públicamente por la comunidad cristiana en su totalidad, y el ayuno individual, sin signos ni reconocimientos exteriores, en el sentido de la enseñanza de Jesús en Mateo 6,17-18: «Cuando tú ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que tu ayuno no lo vean los hombres, sino tu Padre que está escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará». En la Iglesia primitiva también se practicaba un ayuno comunitario para obtener la orientación y la bendición de Dios antes de enviar a misioneros (Hechos de los Apóstoles 13,2) y para designar a los presbíteros de cada iglesia local (Hechos de los Apóstoles 14,23).

Así pues, desde el período más antiguo del cristianismo el ayuno cumple muchas funciones. También se practicaba como preparación al bautismo (Hechos de los Apóstoles 9,9-19). Estaba vinculado con la oración en el exorcismo (Mateo 17,19-21) y con la lucha espiritual contra el Diablo y las tentaciones en general (1 Tesalonicenses 5,6-8; 1 Pedro5,8). El ayuno fortalecía la vida espiritual de los creyentes. El ayuno se prescribía entre los cristianos especialmente para controlar las pasiones. También eran de la opinión de que el ayuno conducía a la claridad del pensamiento y del espíritu, por lo que constituía un elemento esencial en el camino para la iluminación mística. No obstante, estaba prohibido todo tipo de exageración que perjudicara gravemente a la salud corporal y también pudiera conducir al orgullo espiritual. También es considerado el ayuno como un acto de solidaridad con los pobres y los hambrientos, y así se incluye en él como forma de donativo para aliviar la escasez de los necesitados.

Cuando las primeras comunidades cristianas empezaron a regular los tiempos del año mediante un ordenamiento de las fiestas y de los tiempos litúrgicos, ocupó un lugar importante el tiempo de preparación para la Pascua denominado en alemán «Fastenzeit» (la palabra inglesa lent procede del inglés medieval lente = primavera; la palabra francesa carême y la española cuaresma proceden del latín quadragesima dies = cuarenta días). El Concilio de Nicea introdujo un ayuno de cuarenta días para quienes se bautizaban en la Pascua. En torno al siglo VII se extendió el cumplimiento de un tiempo de ayuno de cuarenta días para todos los cristianos. En la primera etapa incluía una renuncia total a la comida durante el día salvo una por la noche, que no podía contener carne, ni pescado, ni huevos ni cualquier producto lácteo. Aún hoy se observa esta forma de ayuno en muchas Iglesias orientales ortodoxas y en algunas Iglesias pentecostales. La Iglesia occidental alivió paulatinamente esta observancia, permitiendo en torno al siglo IX que el día de ayuno concluyera a las tres de la tarde o incluso a las doce del mediodía. También se definió el ayuno como cumplimiento de una forma de dieta restringida (es decir, una comida principal y dos pequeños tentempiés durante el día), con abstinencia de carne el Miércoles de Ceniza, el primer día de la cuaresma, y el Vienes Santo, el día de la crucifixión de Jesús. La praxis de la Iglesia Católica romana prescribe actualmente, en general, que se cumpla en estos dos días «el día de ayuno y de abstinencia», conservando el espíritu del ayuno durante el tiempo de cuaresma mediante actos de renuncia a uno mismo y con acciones adicionales de atención hacia los demás, a los hambrientos o a quienes sufren, con limosnas, y con una renovación general de la vida espiritual.

El Common Book of Prayer de la Iglesia Anglicana, que surgió en los siglos XVI y XVII, estableció el ayuno durante el tiempo previo a la Pascua y en otros momentos del año. Esta norma se cumplió al principio en gran medida, pero la praxis declinó durante el siglo  XVIII, aunque volvió a revitalizarse en el siglo XIX. Sin embargo, no se establecieron normas nuevas y más precisas sobre cómo debía practicarse el ayuno. Los Reformadores reconocieron el valor del ayuno como disciplina, pero se opusieron a la idea de establecer unos tiempos fijos como también a la doctrina de la recompensa espiritual obtenida mediante el ayuno. Las Iglesias Ortodoxas orientales mantiene hasta hoy una fuerte tradición de ayuno, no solo durante la cuaresma y durante el tiempo previo a la Navidad (adviento), sino también en otras ocasiones. Además, observan ayunos semanales que se distribuyen durante todo el año.

Así pues, si bien, por una parte, nunca se ha fijado en ningún momento de la historia de la Iglesia un tiempo y una modalidad de ayuno que pudiera compararse con el ayuno de los musulmanes durante el mes del Ramadán, la praxis y el espíritu del ayuno se han mantenido más o menos vivos con diferentes formas y modalidades en la observancia cristiana de las diversas Iglesias. En la Iglesia occidental apenas es observable la praxis del ayuno. Sin embargo, la praxis del ayuno ha experimentado en tiempos recientes una forma de resurgimiento. Con una base más bien individual cobra relevancia entre los cristianos europeos con la celebración de «Días de ayuno y de oración» en determinadas ocasiones, de la «Cena del hambre» en solidaridad con los pobres, y con una acentuación sobre el estudio y la reflexión sobre la configuración práctica del seguimiento actual de Cristo, precisamente también durante los tiempos litúrgicos tradicionales del ayuno.

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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