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Pregunta 11:

¿Qué podemos decir de la fe de los primeros cristianos que desconocían la formulación del dogma de la Santísima Trinidad? ¿Era legítima su fe? (TR)

 

Respuesta: Debemos diferenciar entre las formulaciones teológicas, que dieron origen a la expresión de la fe cristiana con el paso de los siglos, y el contenido de la fe cristiana. En el comienzo de la fe cristiana encontramos el hecho de que unas personas, de un modo realmente revolucionario para ellas, descubrieron que en Jesús de Nazaret y en la fuerza de su espíritu, Dios mismo había bajado a su pueblo. Mediante Jesús y su espíritu, Dios no sólo había compartido algo de sí mismo con ellos, sino, literalmente, a sí mismo. En Jesucristo, Dios se hace personalmente presente en el mundo. Nuestro mundo es ahora su mundo; asume nuestro destino y al hacerlo crea la más íntima cohabitación entre él mismo y la humanidad. Sin embargo, esto no significa que en Jesucristo y, de otros modos, en el Espíritu Santo, enviado por él, encontramos emisarios que solamente remiten a Dios (al igual que los profetas o los santos también remiten a Dios) tras quien, sin embargo, la divinidad permanece elusiva a la humanidad en un trascendencia oculta infinita y eterna. No, en el acontecimiento Cristo, Dios mismo entra en el juego. Todo el que trata con Jesús, con su palabra, su relación, su pasión, todo el que experimenta el espíritu en sí mismo que actúa en torno a él, está tratando personalmente con Dios. De no ser así, Jesús, que viene como la última palabra válida de Dios y como encarnación insuperable del amor divino, estaría en contradicción consigo mismo. No sería, entonces, la intervención definitiva entre Dios y la humanidad, que, sin embargo, reclama para sí: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn 14,9). Y también el Espíritu Santo, que llena a Jesús, nos conduce a la realidad de Cristo después de su regreso junto al Padre, abriéndonos, así, el acceso directo a Dios. De no ser Dios, nos habría dejado en el ámbito de la creatura. Véase también capítulo 5, sección III, 7.

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