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Pregunta 114:

El islam permite el matrimonio con cristianos y judíos, pero el cristianismo lo prohíbe en el caso de religiones diferentes. ¿Es esto lo que entendéis por amor y tolerancia? (TR)

 

Respuesta: En el mundo contemporáneo, en el que no solamente viven y trabajan conjuntamente en las mismas ciudades y regiones personas bautizadas, es decir, cristianos de diferentes confesiones, cada vez se producen más matrimonios entre católicos y cristianos no católicos, como también entre católicos y miembros de otras religiones. Si bien los matrimonios mixtos entre cristianos de diferentes confesiones requieren una atención especial tanto por parte de los cónyuges como de sus pastores, en el caso de los matrimonios entre personas de religiones diferentes esta atención se incrementa aún más.

 

En su Material de trabajo n. 172, titulado Christen und Muslime in Deutschland (Cristianos y musulmanes en Alemania, en www.dbk.de/Schriften/Arbeitshilfen), el Sínodo General de Alemania aborda las cuestiones que plantea el matrimonio entre católicos y musulmanes (nn. 370-401 = pp. 186-200). Por ello, es importante que el cónyuge cristiano comprenda las particularidades del matrimonio y la familia islamo-cristiana desde el punto de vista de la ley islámica.

 

1. La ley islámica permite el matrimonio entre un musulmán y una cristiana, pero no al revés. Esta norma se basa en la premisa de que en el matrimonio y la vida familiar el islam es, en última instancia, la religión válida y simplemente superior a los ojos de Dios, y que en el caso de desacuerdo el marido es el que tiene la última palabra. Según la perspectiva islámica tradicional, no puede aceptarse el matrimonio entre un cristiano y una musulmana, porque su supuesto dominio en la familia traería consigo la dominación por parte del elemento cristiano. Aunque la legislación sobre la familia en la laica Turquía permite el matrimonio entre un cristiano y una musulmana, este tipo de matrimonio se encuentra, por lo general, con una mayor oposición por parte de la opinión pública que el caso contrario.

 

2. Según la perspectiva islámica, los hijos de un musulmán y una cristiana son musulmanes por nacimiento, por lo que sus padres tienen el deber de educarlos como tales. Este deber, cuya realización es fundamentalmente responsabilidad del marido musulmán, es objetivamente incompatible con el deber que tiene la esposa cristiana de educar a su prole en su propia fe. Esta cuestión puede suscitar problemas especialmente difíciles en este tipo de unión; por ello, se recomienda urgentemente que las parejas aclaren de forma vinculante estos asuntos antes de celebrar el matrimonio.

 

3. Antes de proceder a la celebración matrimonial deben clarificarse las siguientes cuestiones: ¿Se permite a la esposa cristiana de un musulmán que participe en el culto de su religión y mantener contacto con su comunidad de fe? ¿Se le permitirá usar símbolos y libros cristianos para su provecho personal en el hogar? ¿Se le permitirá disentir de las normas islámicas sobre la comida y la bebida? ¿Tendrá que cumplir las exigencias islámicas sobre la pureza ritual, por ejemplo, cuando tenga la menstruación o dé a luz? A lo largo de la historia, los representantes de las diversas escuelas jurídicas del islam han respondido a estas cuestiones y a otras semejantes de muchas formas diferentes. La cristiana que tiene el propósito de casarse con un musulmán debe hacer todo cuanto puede para conocer el parecer de su pareja y de sus parientes más cercanos con respecto a estos asuntos antes de casarse. También debe tratar de llegar a un acuerdo sobre un modo de vida conjunta que le permita vivir como cristiana y de un modo que sea coherente con su propia dignidad como persona.

 

4. Es importante que una cristiana que pretenda casarse con un musulmán sepa que, según la ley islámica, no puede heredar tras la muerte del marido. Más importante, si cabe, es que sea consciente de que la ley islámica permite que el varón contraiga un segundo matrimonio, aunque se haya casado con una cristiana.

 

5. Una cristiana que piensa casarse con un musulmán debe entender que puede producirse un cambio considerable en la evolución de su matrimonio y en su desarrollo personal, como también en su potestad para vivir libremente según su religión, tanto si se quedan a vivir o no en Alemania o en cualquier otro país occidental. Si se va con él a su país musulmán de origen, debe estar preparada para la posibilidad de que, aun cuando su marido aceptara permitirle esas libertades, su entorno social, sobre todo su familia, ejerza una enorme presión para someterla a su modo de vida e incluso, tal vez, para convertirla. Esta presión sería mucho más fuerte que si se quedaran a vivir en Alemania. Tanto más cuanto que en la mayoría de los países musulmanes (excepto en algunas ciudades de Turquía) lo habitual es que el matrimonio viva según el modelo de familia extendida, no según el modelo de familia nuclear (un matrimonio con sus hijos que vive, en gran parte, independientemente). Por consiguiente, la cuestión del lugar de residencia de la pareja debe analizarse con sumo cuidado antes del matrimonio, e incluso, si es posible, habría que decidirlo de tal modo que la mujer pueda esperar, sin duda alguna, tener una vida familiar que no exija un grado intolerable de cambio.

 

6. Según la sharia, los derechos y deberes de los cónyuges son muy diferentes, aunque no siempre van en perjuicio de la mujer. De acuerdo con la sharia y la interpretación musulmana tradicional, la posición legal de la esposa en el matrimonio es mucho más débil que la del esposo. La sura 4,34 afirma claramente: Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que DIOS ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. La mujer debe obediencia a su marido; la continuación de este versículo del Corán permite que un marido que cree que no es obedecido, aplique a su mujer el castigo correspondiente, que llega hasta el extremo de la violencia física. Este versículo prosigue en los siguientes términos: ¡Amonestad a aquellas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles!. A pesar de este texto, que corre el peligro de ser utilizado por maridos violentos como justificación religiosa de sus acciones, el comportamiento real en un matrimonio musulmán, como en el cristiano, no depende de un solo versículo de la Escritura. En realidad, el hecho de llegar o no a este extremo de violencia no depende principalmente del derecho al castigo físico, que la sharia tradicionalmente concede al marido, sino del nivel cultural y de la armonía de los cónyuges.

 

7. Según la ley islámica, el marido tiene el derecho a determinar el paradero de su mujer. En la sociedad islámica actual, esto implica que puede prohibirle trabajar fuera de la casa e impedirle que viaje a su país natal de Europa. Las escuelas jurídicas islámicas han dado diferentes respuestas a la cuestión de si el marido puede impedir a su mujer que se relacione con su familia.

 

8. También deberíamos tener en cuenta la ley islámica del divorcio y sus implicaciones para el marido y la mujer, como también para el asunto de la custodia de los hijos tras el divorcio. Según la ley islámica, la custodia de los hijos se concede siempre al marido musulmán. La ley islámica ni siquiera reconoce a la madre el derecho de visita. Allí donde se aplique esta ley, la madre pierde literalmente a sus hijos tras el divorcio, incluso en los casos en que los tribunales alemanes le concederían claramente su custodia. En todo caso, podemos decir que si una alemana se casa con un musulmán de nacionalidad extranjera, debe informarse urgentemente de las leyes actuales que regulan el matrimonio en el país de su futuro marido.

 

Con respecto al punto de vista católico sobre el matrimonio y la ley canónica correspondiente, podemos decir lo siguiente:

 

1. La Iglesia Católica considera el matrimonio como una unión amorosa de por vida entre un hombre y una mujer, destinada al bienestar de los cónyuges y a la concepción y educación de los hijos. Las características principales del matrimonio son la fidelidad al cónyuge y su indisolubilidad. El matrimonio válido entre cristianos es un sacramento, mientras que el matrimonio entre una persona católica y otra no cristiana (matrimonio de mixta religión) no lo es.

 

2. Para que un matrimonio sea válido, los cónyuges deben hacerlo libremente y sin coacciones, de acuerdo con la idea que se ha descrito anteriormente (consenso matrimonial).

 

3. Con respecto a la propia religión y a la de sus futuros hijos, los católicos pueden encontrar dificultades a la hora de llegar a vivir matrimonialmente con una pareja que no comparte la fe cristiana y que pertenece a otra religión. Sintiéndose responsable de la vida de fe sus miembros, la Iglesia Católica ha determinado, en consecuencia, que la diferencia de religiones constituye un impedimento para el matrimonio. Un matrimonio de religión mixta puede considerarse válido solamente si se remueve el impedimento antes de su celebración (dispensa).

 

4. Para la dispensa de impedimento deben cumplirse dos condiciones: el cónyuge católico promete mantener su fe y hacer cuanto pueda para que sus hijos se bauticen en la fe católica y se formen en la fe la Iglesia Católica. El cónyuge musulmán debe estar informado de esta promesa y conocer la doctrina católica sobre el matrimonio. El sacerdote católico debe tener en cuenta que el cónyuge musulmán tiene también el deber de transmitir su religión. Tal situación contiene las semillas de posibles conflictos y enormes dificultades para la relación de la pareja.

 

5. Debe hablarse con los contrayentes lo más pronto posible antes de que se celebre el matrimonio para que estas decisiones no se tomen precipitadamente, sino después de una reflexión exhaustiva. Sin mayor dilación, en las charlas previas al matrimonio, deben plantearse los problemas específicos inherentes al matrimonio católico y las diferentes perspectivas que con respecto a este tienen los católicos (monogamia e indisolubilidad) y los musulmanes, como también con relación a la vida diaria conyugal (papel de la esposa, educación de los hijos).

 

6. El matrimonio con un contrayente no cristiano que cree en Dios puede celebrarse mediante una liturgia de la palabra. Las oraciones, las lecturas y los himnos deben tener en cuenta la particularidad de la situación, de modo que la pareja musulmana pueda entender y participar en ellos hasta donde le sea posible de acuerdo con su religión.

 

7. Si se ha concedido la dispensa de celebración canónica y, por tanto, la boda no se realiza según las normas de la Iglesia, entonces el matrimonio entre una persona católica y otra musulmana puede también concluirse con otra modalidad de matrimonio público, por ejemplo, una boda por lo civil. Si, tras la dispensa de matrimonio canónico, la pareja opta por ella, debe recordarse que la ley canónica de la Iglesia excluye cualquier otra forma de celebración, incluida la islámica.

 

Notas sobre la firma de un contrato matrimonial

 

1. No obstante la doctrina católica sobre la indisolubilidad del matrimonio y la intención de la mujer de contraer un matrimonio de mixta religión como un hecho indisoluble, puede ser prudente que haga un contrato matrimonial, con el objetivo de contar con la doctrina musulmana sobre el matrimonio y suavizar las posibles consecuencias tras un divorcio.

 

2. En el contrato matrimonial islámico lo más importante es el tipo o la cantidad de la dote o la propiedad que el marido tiene que entregar a su mujer la mañana posterior a la noche de bodas. Las cristianas europeas, que no están familiarizadas con esta costumbre, tienden a rechazar este regalo convenido por contrato, a menudo porque sienten que lo único que verdaderamente importa es el amor entre los cónyuges. Creen que es superfluo e incluso lo rechazan argumentando que no pueden ser compradas. En realidad, la dote constituye la protección necesaria contra las consecuencias económicas de un divorcio, especialmente teniendo en cuenta la relativa facilidad con que la ley islámica permite divorciarse de la mujer, incluso en contra de su deseo, y el subsiguiente tiempo mínimo que dura el pago de la manutención.

 

3. En este contexto, aconsejamos que se fije la dote en una cantidad elevada, cosa que es habitual en los países musulmanes, y que, al mismo tiempo, se acuerde que se pagará la mayor parte sólo en el caso de que el marido se divorcie. En interés de la esposa, se trata de un medio efectivo para reducir la posibilidad de que el marido inicie a la ligera un trámite de divorcio. Para proteger a la cristiana de una unión polígama posterior, también puede acordarse con el marido que desista de ejercer este derecho suyo que le permite la sharia.

 

4. También recomendamos encarecidamente que se incluyan otros puntos en el contrato matrimonial, a saber, el derecho de la esposa a celebrar su fe, a recibir atención pastoral, a participar en los eventos parroquiales y a vivir una existencia personal en su familia que sea coherente con su religión. Dependiendo del país de origen y del estatus social de su marido, puede también ser conveniente que se incluya en el contrato su consentimiento para que la esposa pueda realizar un trabajo remunerado para poder viajar a su país natal y mantener el contacto con su familia.

 

5. Un punto importante en todo contrato matrimonial con un musulmán que proceda de un país islámico que no sea Turquía, es el relativo a la custodia de los hijos en caso de divorcio, que sea satisfactorio para la madre cristiana.

 

6. Insistimos en recomendar vehementemente que se firme un contrato matrimonial que sea válido según los criterios de la ley islámica como un recurso adicional de seguridad para las cristianas que se casan con musulmanes de países islámicos que no sean Turquía, incluso cuando la pareja se case en Alemania por lo civil tras la dispensa de matrimonio canónico o por la Iglesia y sin tener el objetivo de trasladar su hogar al país de origen del marido. Es posible que las inesperadas circunstancias posteriores hagan aconsejable que el marido o la pareja se trasladen al país de origen del varón.

 

Además, no resulta extraño que tras el divorcio de un matrimonio cristiano-musulmán en Alemania, el marido secuestre a los hijos con la ayuda de su familia y contra la voluntad de su esposa y los oculte en su país de origen, afirmando que de otro modo no podría asegurarse su formación en el islam. En estos casos, la esposa no tiene prácticamente ninguna oportunidad de que los tribunales del país del marido le concedan la custodia si no puede mostrar un contrato matrimonial válido para el islam en el que se especifique que el marido había aceptado las normas de custodia de los tribunales alemanes.

 

7. Según la ley islámica, la esposa cristiana no puede heredar a su marido musulmán si este fallece. Por tanto, debería intentar, al menos, incluir una clausula en su contrato matrimonial en la que se estipule la anulación de esta ley. También es posible suavizar la situación mediante una clausula que aparezca en el testamento del marido a favor de su esposa. Posiblemente, esta disposición podría anticiparse ya en el mismo contrato matrimonial.

 

8. En cualquier caso, debe tenerse en cuenta lo siguiente: aun cuando la esposa cristiana tenga un contrato matrimonial mediante el que se fortalece su posición, no se da la garantía de que los tribunales del país de origen de su marido la apoyen si inicia un proceso judicial con respecto a la custodia o con respecto a la herencia. Sobre todo en lo que afecta a la cuestión de la custodia, los tribunales tendrían que emitir su sentencia en contra de la opinión pública, que, en la mayoría de los países musulmanes, apoya la tesis de que por el bien de su educación islámica, los hijos deben permanecer con su padre o su familia musulmana, no con su madre cristiana. Toda cristiana que quiera casarse con un musulmán de uno de estos países debe ser consciente desde el principio de los riegos que tal opción conlleva.

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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