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Pregunta 115:

Los Evangelios dicen: Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mat 6,17).¿Qué significa esto y cómo ayunan los cristianos? (TR)

 

Respuesta: El versículo citado en la pregunta forma parte de una sección del Evangelio de Mateo (6,1-18) en la que Jesús habla de la gran trinidad formada por la limosna, la oración y el ayuno, tal como se desarrollaron a lo largo del Antiguo Testamento como expresión de una piedad auténtica. Para Jesús, estas tres dimensiones tienen que practicarse en privado, es decir, no pueden convertirse en demostraciones públicas de que uno es justo y piadoso, un peligro que no debe ignorarse. Jesús, en efecto, también dice que el ayuno debe practicarse en privado (Mt 6,16-18): Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.

 

En realidad, los detalles de esta enseñanza de Jesús no son importantes, siempre que no se pierda de vista lo esencial, a saber, que el ayuno se hace para que Dios lo tenga en cuenta, no para demostrar nada a los demás. Exige tener fe y voluntad para convertirse o volver junto a Dios. Además, no puede entenderse como una mera práctica ascéticas: Este el ayuno que quiero: deshacer los nudos de la maldad, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los maltratados y arrancar todo yugo; compartir tu pan con el hambriento, cobijar al oprimido y al que no tiene casa; vestir al desnudo y no darle la espalda (Is 58,6s.). Todo gira en torno a Dios, que es vida y crea vida y libera de toda forma de esclavitud para conducir a la tierra prometida, donde todos somos hermanos y hermanas.

 

De lo que realmente se trata, por consiguiente, no es de la práctica externa del ayuno, sino de la conversión del corazón, del arrepentimiento interior. Sin este, toda acción que expresa exteriormente el arrepentimiento es estéril y fraudulenta. Sin embargo, la conversión interior exige su expresión mediante signos, acciones y actos visibles de arrepentimiento (Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6.16-18). El arrepentimiento interior implica dar una orientación radicalmente nueva a todos los aspectos de la vida, es decir, convertirse, retornando incondicionalmente a Dios, dejando de pecar, renunciando al mal y aborreciendo los pecados cometidos. Al mismo tiempo, lleva consigo el deseo y la decisión de cambiar la propia vida, como también la esperanza y la confianza en la misericordia de Dios.

 

Este arrepentimiento interior puede expresarse de diferentes formas. La Biblia y los padres de la Iglesia hablan, por lo general, de las tres formas mencionadas, el ayuno, la oración y la limosna, como expresión de arrepentimiento ante uno mismo, ante Dios y ante los demás. Siguiendo a la profunda catarsis que provoca el bautismo y el martirio, también puede lograrse el perdón mediante el esfuerzo que supone la reconciliación con el prójimo, las lágrimas que brotan de un corazón arrepentido, la atención para que el prójimo se sienta bien, la intercesión de los santos y la caridad comprometida, pues el amor cubre una multitud de pecados (1 Pe 4,8).

 

Los períodos penitenciales a lo largo del año litúrgico (por ejemplo, los días de ayuno, como los viernes, en los que recordamos la muerte de nuestro Señor) son períodos de formación en la vida de conversión de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para hacer retiros y celebraciones penitenciales y para practicar la abstinencia, mediante el ayuno o la limosna, por ejemplo, y para compartir con los demás (como obras de caridad y actividades misioneras).

 

Normas de la Iglesia sobre el ayuno

 

El período de ayuno previo a la Pascua, la cuaresma, tiene como objetivo prepararnos espiritualmente para la celebración de la muerte y la resurrección de Jesús. La privación de músicas tumultuosas y de diversiones creará el espacio para conseguir la paz y la quietud necesarias para esta preparación.

 

Días de abstinencia y/o penitencia son todos los viernes del año. Durante la cuaresma, los católicos se abstienen de comer carne. Durante los demás viernes del año pueden abstenerse de comer carne o bien pueden practicar obras de caridad espirituales o materiales. Tanto la opción por comer cosas sencillas o renunciar a comer cosas costosas y a la diversión, cumplen la exigencias de la abstinencia. Esta es obligatoria a partir de los 14 años y se extiende hasta el final de la vida.

 

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2447, Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58,6-7; Heb 13,3).

 

Los días de ayuno son el miércoles de ceniza y el viernes santo. En estos días de riguroso ayuno, los católicos deben abstenerse totalmente de carne, deben comer tan frugalmente como sea posible y realizar una sola comida (y, al máximo, tomar un par de tentempiés). En la medida de lo posible, estos días deben pasarse en silencio, orando intensamente y asistiendo a las celebraciones litúrgicas. En estos dos días se exige especialmente privarse de música tumultuosa, bailar y divertirse. El ayuno es obligatorio a partir de los 18 años y su obligatoriedad se extiende hasta cuando se tiene 60 años.

 

Contáctenos

J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
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D-60599 Frankfurt
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