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Pregunta 123:

¿Cómo se imagina la fe cristiana el paraíso y el infierno? ¿A qué se parece la vida tras la muerte? (TR)

 

Respuesta: Cuando usa la palabra cielo, la Biblia, y, por tanto, la doctrina de la Iglesia, no se refiere, evidentemente, a un lugar superior con los ángeles sobre las nubes. Las numerosas metáforas que se usan en la Biblia significan que el cielo es la comunión eterna con Dios. Lo veremos, seremos felices con él, nos sentiremos llenos de amor, alegría y paz y con buena voluntad hacia los demás. Dios quiere elevar toda la creación a su esplendor, con la historia del mundo purificada, cambiaba y completamente renovada. Dios quiere recompensar nuestras buenas obras, aunque sólo es posible por gracia suya. Y, así, habrá diferentes niveles de beatitud, al igual que hay vasijas de diferentes tamaños; todos alcanzarán en el cielo la total plenitud de su propia felicidad.

 

Con respecto a lo que se enseña sobre el infierno, ¿no está en contra de la misericordia de Dios? No debe existir duda alguna de que Jesús confirma la enseñanza del Antiguo Testamento: hay pecados que son tan hondamente perversos que terminan separando completamente de Dios. Todos tenemos que elegir entre la vida y la muerte. Dios acepta esta libertad hasta sus últimas consecuencias. La iglesia proclama el dogma del infierno como una posibilidad real, y lo proclama para hacer ver a todos la importancia categórica de sus propias acciones y conducirlos a la salvación. La Biblia no dice en qué lugar se encontrará la persona condenada para siempre. Pero el infierno significa verse separado de Dios para siempre, separado de él que es nuestra vida.

 

Afortunadamente, sólo una carga pesada altamente grave nos separa de Dios. Sin embargo, tenemos que admitir que no nos encontraremos ante él totalmente puros e intachables cuando finalmente nos llame. Por eso, se nos ha dado la oportunidad de la purificación y la catarsis, que podemos entender como un signo de la misericordia de Dios. Seremos pobres almas porque ya no podemos hacer nada para nuestra salvación y porque el fuego del amor de Dios nos causa dolor por los pecados cometidos (de ahí el término purgatorio, que procede de purgatorium, es decir, el lugar de la purificación). Al mismo tiempo, somos afortunados, porque formamos parte de este lugar de purificación para Dios en la comunión de los santos. Podemos sentirnos apoyados por las oraciones que la iglesia hace por los difuntos e incluso podemos ofrecer nuestros propios sufragios.

 

Por tanto, podemos resumir diciendo que el cielo es Dios, a quien nos hemos ganado para siempre, y el infierno es Dios, a quien hemos perdido para siempre. El purgatorio es Dios a quien esperamos sufriendo mientras nos purifica y nos santifica.

 

Al final, Dios hará surgir unos cielos nuevos y una nueva tierra. La Biblia habla de un banquete celestial o de la ciudad santa de Jerusalén, en la que Dios morará con toda la humanidad. Toda la creación se renovará. Nos aguarda una belleza inimaginable (cita de Winfried Henze, Glauben ist schön. Ein katolischer Familien-Katechismus, Köhler, Harsum 2001, pp. 178-180).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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