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Pregunta 129:

¿Cómo debemos considerar el reconocimiento eclesial de los [así denominados) matrimonios entre personas del mismo sexo, tal como sostienen y practican algunos protestantes? (TR)

 

Respuesta: Para clarificar la posición católica sobre la cuestión de las relaciones entre personas del mismo sexo, reproduzco las principales afirmaciones del Catecismo de adultos (vol. II: Leben aus dem Glauben, Herder, Friburgo 1995, pp. 385-387) con una traducción no oficial.

 

La regulación legal de las relaciones entre personas del mismo sexo (es decir, homosexuales) no debe confundirse con la valoración moral de los actos homosexuales. La homosexualidad es un fenómeno poliédrico. Los intentos por diseccionar el fenómeno homosexual en sus varias formas y describir su origen y desarrollo como también el grado de la orientación, indican precisamente lo controvertido de su investigación y tipificación incluso en la psicología y la medicina contemporáneas. La diferencia de opiniones con respecto a la forma y el desarrollo de la homosexualidad revelan la necesidad de distinguir entre la orientación homosexual y los actos homosexuales. Los mismos homosexuales llegan a reconocer su orientación o tendencia sexual como algo permanente sólo en el ámbito de diferentes fases de desarrollo. Quienes tienen una orientación homosexual no lo han elegido ellos mismos (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358). La investigación clínica aún mantiene la opinión de que quien posee esta orientación no puede cambiar esta tendencia. Por otra parte, prestigiosos médicos señalan que, bajo unas condiciones favorables, ciertas terapias pueden cambiar permanentemente la orientación homosexual. Independientemente de lo pueda decirse clínicamente sobre la orientación o la tendencia homosexual, lo que resulta claro desde un punto de vista ético es que el homosexual no es más responsable de su comportamiento sexual que el heterosexual. Esto es relevante no sólo desde la perspectiva de las consideraciones éticas fundamentales, sino también con respecto a la amenaza para salud que de un posible contagio del virus del sida, que puede producirse por actos homosexuales como heterosexuales.

 

La homosexualidad presenta ciertos inconvenientes cuando se compara con la heterosexualidad. Incluso la anatomía de los órganos sexuales remite a la dualidad de los sexos. Los actos homosexuales excluyen fundamentalmente una polaridad sexual completa como también la procreación. Por tanto, las relaciones entre personas del mismo sexo implican la infecundidad. Desde esta perspectiva, el homosexual también percibe su orientación como una realidad diferente aun cuando se hayan reconciliado con esta predeterminación.

 

Desde la perspectiva del orden de la creación y desde la orden de procrear dada por Dios al hombre y a la mujer, la homosexualidad no puede considerarse en igualdad a la heterosexualidad. De acuerdo con la Biblia, el auténtico espacio para la unión sexual es el matrimonio entre un hombre y una mujer, y el matrimonio constituye la célula preciosa de la sociedad humana.

 

En tiempos bíblicos se condenó duramente la homosexualidad. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento queda claro que las prácticas homosexuales no pueden representar la finalidad auténtica de la sexualidad humana. En Israel, todo el que cometía actos homosexuales –por cualquier razón– era expulsado de la comunidad, de acuerdo con la ley (cf. Lv 18,22; 20,13). En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo interpreta la conducta homosexual como una relación antinatural (cf. Rom 1,15-27; 1 Tim 1,10), contra la que advierte, al igual que contra otras desviaciones sexuales.

 

La falta de conocimiento condujo en tiempos pasados a la persecución y la condena de los homosexuales. En la actualidad se prohíbe toda denigración. Desde un punto de vista moral, es importante que los homosexuales se esfuercen para evitar que su sexualidad los controle, integrándola humanamente en una concepción y una finalidad morales. Sobre todo, deben respetar su dignidad y no deben hacer un uso incorrecto de su sexualidad como medio para satisfacer sus propios apetitos sexuales. Deben evitar ofender a otros con su comportamiento y no deben seducir a nadie. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358).

 

Socialmente, todas las personas tienen el deber de tratar a los homosexuales favorablemente. La denigración y la degradación les conducen a una situación intolerable y obstaculiza o impide la comunicación. Los cristianos están llamados a ofrecerles la atención pastoral debida. Las parejas del mismo sexo no pueden obtener el reconocimiento eclesial como una institución.

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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