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Pregunta 138:

¿Creó el Papa el limbo para abolirlo simplemente después? Habéis creído en el limbo hasta hace poco. Después de su abolición por el Papa, ¿qué ocurre con los que estaban en él? (TR)

 

Respuesta: En la primera parte de nuestra respuesta presentamos la doctrina islámica y cristiana sobre la realidad implicada por la palabra turca araf (en árabe arâf) que es la que el lector ha usado. En la segunda parte nos preguntaremos hasta qué punto es correcto afirmar que el Papa ha abolido el limbo.

 

Doctrina islámica

 

El término árabe arâf significa cima, elevación. La sura 7 se titula Al-Arâf. En este contexto significa la cima de una montaña, las cumbres, que en la sura 7 se refiere al comportamiento de las personas que no habitan en el infierno ni en el paraíso (7,46-49): Hay entre los dos un velo. En los lugares elevados habrá hombres que reconocerán a todos por sus rasgos distintivos y que llamarán a los moradores del Jardín: «¡Paz sobre vosotros!». No entrarán en él, por mucho que lo deseen. Cuando sus miradas se vuelvan hacia los moradores del Fuego, dirán: «¡Señor! ¡No nos pongas con el pueblo impío!».Y los moradores de los lugares elevados llamarán a los hombres que reconozcan por sus rasgos distintivos. Dirán: «Lo que habéis acumulado y vuestra altivez no os han servido de nada. ¿Son éstos aquellos de quienes jurabais que Dios no iba a apiadarse de ellos?.

 

En la exégesis de los clásicos comentarios musulmanes al Corán, compilados en el Korankommentar (Gütersloh 1996), escribe A. Th. Khoury (vol. 7, p. 74):

Son varias las opiniones que tienen los comentaristas musulmanes sobre el lugar descrito como la cima de una montaña y los hombres que en ella viven.

- La cima pertenece a las cumbres del paraíso y los hombres son los elegidos que han sido particularmente bendecidos.

- El lugar es la cima de la montaña que se encuentra en la frontera entre el paraíso y el infierno, y los hombres son quienes se han distinguido por su gran obediencia a Dios y han recibido su recompensa especial. Los más cercanos son ángeles, profetas o mártires. Desde la colina observan a los que han sido salvados y entran en el paraíso y a los condenados que son arrojados al infierno. Ellos tienen que esperar la anhelada felicidad en el paraíso hasta que los que han sido salvados y los condenados encuentren su lugar definitivo. Entonces, entrarán en el paraíso y ocuparán la elevada posición que se les había otorgado.

- Otros comentaristas (la mayoría, según Tafsir al-Manar) piensan que estos hombres ocupan el nivel más ínfimo de los salvados o bien son aquellos cuyas acciones buenas y malas están compensadas, por lo que tienen que esperar hasta que Dios en su misericordia y su gracia los introduzca en el paraíso. También pueden ser malhechores creyentes a quienes Dios perdona tras un período de tiempo y les permite entrar en el paraíso.

 

La última de estas tres interpretaciones condujo a la idea de una parada entre el paraíso y el infierno. Por esta razón, al-Arâf llegó a significar limbo. Esta creencia coincide con ciertas exégesis del término coránico barzakh (Sura 23,100). Barzakh significa obstáculo, barrera, y, según algunos comentaristas, se refiere a una barrera física entre el paraíso y el infierno. En las interpretaciones escatológicas, el término se entiende a veces en el sentido de cristiano de limbo. Así, Ibn Hazm (+ 1604) enseñaba que los pecadores que son creyentes no permanecen en el infierno para siempre, sino que son llevados al paraíso una vez cumplido su castigo temporal. Esta idea de un castigo temporal se parece al concepto cristiano de purgatorio (cf. art. Al-Arâf, en C. Glassé, The Concise Encyclopaedia of Islam, Londres 1989).

 

Doctrina católica

 

El limbo (término latino que significa frontera, límite, confín) es el lugar o la condición en que se encuentran los difuntos que no están en el cielo ni en el infierno ni en el purgatorio. El limbus patrum (limbo de los padres) es el lugar o la condición de los justos que murieron antes de Cristo y que no lograron la beatitud celestial con el descenso de Cristo a los infiernos y con su ascensión. El limbus puerorum, que sólo ha tenido relevancia en la tradición cristiana, es el lugar o la condición de los niños pequeños o de aquellos llegados al uso de razón, que, no obstante la propagación suficiente del evangelio, no recibieron el bautismo y, por tanto, no entraron a formar parte de la Iglesia. Con respecto a esta doctrina debemos decir lo siguiente. En primer lugar, en la Sagrada Escritura no hay un testimonio que justifique la existencia del limbus puerorum. En segundo lugar, mientras que la tradición cristiana más antigua no dice nada sobre este particular, el concepto va adquiriendo importancia en la confrontación con el pelagianismo (la doctrina, condenada por la Iglesia, según la cual los seres humanos pueden dar los grandes pasos para conseguir la salvación con sus propias fuerzas, sin necesidad de la gracia divina). Al refutar la doctrina de que aunque el bautismo era necesario para conseguir la beatitud sobrenatural (el cielo) no lo era, por otra parte, para obtener la beatitud natural (la vida eterna), Agustín afirma, invocando el testimonio de la Sagrada Escritura, que el bautismo es necesario para la salvación y que la incorporación en la Iglesia que de él procede es el único camino que conduce a ella. Ni la Escritura ni la fe de la Iglesia dicen nada sobre una beatitud natural. Así pues, los niños que no han sido bautizados van al infierno, aunque sólo sufren el más leve de los castigos. Los escolásticos intentaron suavizar el rigorismo agustiniano postulando que los no bautizados van al limbo, entendido como su condición definitiva en el sentido de la beatitud natural, que es diferente al infierno (es decir, están excluidos de la visión divina, pero no sufren en sus sentidos). En tercer lugar, el Magisterio nunca ha admitido explícitamente la doctrina del limbus puerorum, aun cuando no puede atribuirse a una fábula pelagiana, según el juicio de Pío VI (1749) (DH 2626). En cuarto lugar, la cuestión del limbus puerorum carece de relevancia para el diálogo ecuménico. Y, finalmente, en la teología católica contemporánea no existe un consenso sobre la doctrina del limbo. Algunos teólogos piensan que se trata de una doctrina de fe porque aparece en la tradición católica, sobre todo en los catecismos. Sin embargo, los teólogos más contemporáneo se oponen al limbo, en primer lugar porque resulta difícil reconciliarlo con la voluntad salvífica universal de Dios, y, en segundo lugar, porque tanto la Sagrada Escritura como el magisterio medieval sólo conocen el cielo y el infierno como morada definitiva para la salvación o la condenación, tras una posible catarsis en el purgatorio (véase J. Finkenzeller, art. Limbus, en W. Beinert [ed.], Lexikon der katholischen Dogmatik, Friburgo 1987, pp. 349ss.).

 

¿Ha sido abrogado (abolido) el limbo por el Papa?

 

En lo que hemos visto anteriormente, comprobamos que ningún Papa no creó esta doctrina, por lo cual tampoco ningún Papa ha podido abolirla. Es importante que recordemos en este contexto la jerarquía de verdades. Según ésta, los dogmas individuales deben entenderse como parte de la doctrina cristiana y esta doctrina posee estructuras y acentos que dan a la fe una unidad objetiva, que, frecuentemente, es objeto de debate y que también justifica la pluralidad teológica. A fin de cuentas, todos los artículos de la fe muestran la revelación de Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo para salvar a la humanidad. Por consiguiente, el núcleo de la fe cristiana es la doctrina del Dios Trinitario junto con la de la encarnación de Dios en Jesucristo y la que de ellas resulta, es decir, la salvación y la recreación de la humanidad. El principio de la jerarquía de verdades nos enseña que debemos realizar una distinción entre el contenido que es vinculante por su fundamentación evangélica y las tradiciones, que son legítimas pero, en general, no son vinculantes. Además, en este contexto debe resaltarse la doctrina cristiana de la voluntad salvífica universal de Dios. Con ella la Iglesia entiende que la voluntad amorosa fundamental de Dios es ofrecer la salvación a todo el mundo. En oposición a esta doctrina encontramos otras que limitan o particularizan la voluntad salvífica de Dios a una parte de la humanidad predestinada a tal efecto. En su Constitución Lumen gentium, el Concilio Vaticano II enseña que pueden salvarse quienes buscan a Dios y viven según su conciencia (n. 16).

 

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