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Pregunta 139:

Su página web me ha dejado profundamente impresionado, A Galileo Galilei se le ha rehabilitado. ¿Por qué no se ha hecho lo mismo con Giordano Bruno? (AL)

 

Respuesta: Nuestra respuesta sigue muy de cerca los pasajes pertinentes de la excelente obra del historiador de la Iglesia Arnold Angenendt titulada Toleranz und Gewalt. Das Christentum zwischen Bibel und Schwert (Münster 2007).

 

Las víctimas más sobresalientes de la Inquisición romana son verdaderamente Giordano Bruno (+ 1600) y Galileo Galilei (+ 1642). Los dos adquirieron una gran relevancia para la ciencia y la interpretación moderna del mundo y se convirtieron precisamente por esa razón – por ser condenados por la Inquisición – en los ejemplos de una Iglesia opuesta al progreso. Giordano Bruno, un padre dominico de Nápoles que infatigablemente viajó por Francia, Inglaterra y Alemania, sostenía una teología de un universo ilimitado e infinito y también la existencia de una pluralidad de mundos. La Inquisición lo acusó de identificar al Espíritu Santo con el alma del mundo, negar la Santísima Trinidad, la transustanciación, la virginidad de María, los milagros de Jesús, y, en particular, por afirmar la existencia de una infinitud y una pluralidad de mundos… En realidad, su concepción de la infinitud del cosmos en el tiempo y el espacio dejaba sin lugar alguno el acontecimiento cristiano de la salvación. El 17 de enero fue quemado en la plaza romana llamada Campo dei Fiori (p. 285). La mayoría de los escritores que han estudiado recientemente la historia de la Inquisición han llegado a la conclusión de que los juicios de la Inquisición romana eran menos crueles y severos en sus sentencias que los realizados por el poder secular de la época. William Monter afirma que se hacían importantes distinciones entre aquellos pecadores que hacían penitencia y los impenitentes, entre los que cometían pecado por casualidad y los que lo hacían deliberadamente, entre quienes hacían el mal conscientemente y los dementes. A diferencia de la mayoría de los tribunales pre-modernos, los inquisidores contaban menos con la tortura como medio para averiguar la verdad que con el interrogatorio, que con frecuencia realizaban con sutileza psicológica. Si bien podían aconsejar al poder secular la ejecución de una sentencia de muerte…, no obstante, en su mayor parte, sólo imponían penas de cierta duración e intensidad. A fin de cuentas, eran más partidarios de la humillación que de la fuerza.

 

Seguimos el resumen crítico que Arnold Angenendt hace de los casos de Galileo y de Bruno, como también el relativo a todo el problema de la Inquisición como fenómeno de la Iglesia Católica. No obstante, a fin de cuentas, estas comparaciones no deben ni pueden desviar la crítica fundamentalmente necesaria de la Inquisición ni mucho menos para presentarla mejor de lo que era. Pues precisamente en este punto, la Iglesia Católica se alejaba vergonzosamente del compromiso cristiano primitivo de renunciar a la fuerza en cuestiones religiosas. No obstante, es importante la comparación con la justicia secular. Debemos hacer justicia al mito de la Inquisición comprendiendo la totalidad del contexto histórico y, por tanto, entender lo que los historiadores revisionistas descubren con sorpresa ante los nuevos estudios que se realizan, a saber que no era tan terrible como a menudo se la ha presentado y se la sigue presentando en nuestros días. No obstante, no es esta la última palabra: ¿Cómo pudo el cristianismo, que quería ser una religión del amor y creía que la humanidad era imagen de Dios, permitir que ocurriera e incluso provocarlo? La respuesta consta de dos partes, una histórica y otra teológica. Desde el punto de vista histórico, el cristianismo logró ser fiel al menos a un aspecto del mandamiento neotestamentario que dice no será así entre vosotros (Mt 20,26), es decir, la Inquisición no fue lo que generalmente se dice sobre ella. En realidad, su sentido de la justicia era mayor y menos cruel que el de otras formas de entenderla. No querer reconocerlo es el resultado de un prejuicio histórico. Sin embargo, la respuesta teológica debe ser diferente. ¿Cómo pudo ocurrir una cosa semejante en una Iglesia que quería comprometerse con la no violencia y que se consideraba, como también en la actualidad, guiada por el Espíritu Santo y regida por el ministerio papal? La petición de perdón realizada por Juan Pablo II durante el Año Santo 2000 no llega a explicar este aspecto [sobre esta petición, véase la pregunta y la respuesta n. 41, supra, como también la Declaración del Concilio Vaticano II sobre la Libertad Religiosa]. Es verdad que el Papa afirmó que no era adecuado exonerar a la Inquisición argumentando históricamente que al compararla con otros tribunales de la época fue más moderada y más correcta en sus procedimientos. Ahora bien, ¿no debe reconciliarse también el hecho histórico de las ejecuciones ordenadas por la Inquisición con la reivindicación papal de un liderazgo universal? (A. Angenendt, Toleranz und Gewalt, pp. 293-294).

 

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Prof. Dr. Christian W. Troll,

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