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Pregunta 148:

¿Se lavan también los cuerpos de los difuntos y se les envuelve en paños de lino en el cristianismo? (TR)

 

Respuesta: El día de la muerte inaugura para el cristiano, al término de su vida sacramental, la plenitud de su nuevo nacimiento comenzado en el Bautismo, la «semejanza» definitiva a «imagen del Hijo», conferida por la Unción del Espíritu Santo y la participación en el Banquete del Reino anticipado en la Eucaristía, aunque pueda todavía necesitar últimas purificaciones para revestirse de la túnica nupcial (CatIglCat n. 1682).

 

La Iglesia que, como Madre, ha llevado sacramentalmente en su seno al cristiano durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de su caminar para entregarlo «en las manos del Padre». La Iglesia ofrece al Padre, en Cristo, al hijo de su gracia, y deposita en la tierra, con esperanza, el germen del cuerpo que resucitará en la gloria (cf. 1 Cor 15,42-44). Esta ofrenda es plenamente celebrada en el Sacrificio eucarístico; las bendiciones que preceden y que siguen son sacramentales (CatIglCat n. 1683).

 

Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (cf. Tob 1, 16-18), que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo (CatIglCat n. 2300).

 

La autopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio. La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (CatIglCat n. 2301).

 

Hasta 1964 el derecho canónico prohibía la cremación del cadáver. Esta prohibición no se fundamentaba en razones dogmáticas, sino que, más bien, se debía a una reacción contra ciertos grupos que defendían la cremación como negación de la fe y de la resurrección. Actualmente no existe esta prohibición, si con la cremación no quiere negarse expresamente la fe cristiana.

 

Los cristianos decoran las tumbas de sus difuntos como un signo de recuerdo y de amor. Al bendecirlas en la fiesta de Todos los Santos y de Todos los Fieles Difuntos, las comunidades muestran su cercanía a los difuntos de un modo particular. La muerte y la resurrección se contemplan a la luz del mensaje de Jesús sobre la resurrección; unidas, las comunidades cristianas renuevan su esperanza en la resurrección.

 

Los cristianos también veneran profundamente los cementerios. Es el campo de Dios, donde los cuerpos de los fieles, que en esta vida fueron templo del Espíritu Santo, son enterrados. La configuración y el ambiente del cementerio deberían testificar la fe cristiana en la resurrección (Catecismo de Adultos, vol. II, pp. 313s.).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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