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Pregunta 154:

¿Por qué la Iglesia Latinoamericana apoya a los terratenientes y castiga a los sacerdotes que defienden a la población desposeída y golpeada por la pobreza? (TR)

 

Respuesta: En muchos países del mundo la gente ya no está dispuesta a aceptar sus condiciones como un destino inmutable, especialmente porque las estructuras injustas, que generan la opresión, el analfabetismo, el abandono, la desesperanza y la desesperación, son responsabilidad de los hombres y pueden cambiarlas.

 

La teología de la liberación comienza preguntándose cómo es posible hablar del amor de Dios y su atención a los pobres ante el inconmensurable sufrimiento de los pobres en los países latinoamericanos, y cómo puede vencerse mediante una unión de voluntades. Estos son los motivos básicos de la teología de la liberación.

 

Con su opción preferencial por los pobres, la Conferencia Episcopal Latinoamericana adoptó un compromiso fundamental con la teología de la liberación en su reunión general celebrada en Medellín en 1968. El Papa Pablo VI puntualizó que, en cierto nivel, liberación y salvación son dos términos sinónimos: La palabra liberación merece su lugar en el vocabulario cristiano, no sólo por su fuerza expresiva, sino por el contenido que encierra (Alocución del 31 de julio de 1974). El Papa Juan Pablo II habla específicamente de la teología latinoamericana que eleva la liberación a una categoría fundamental y a un principio de orientación para la solución de los problemas del sufrimiento y del subdesarrollo.

 

La fuerza motivadora del mensaje de que el objetivo de la salvación es una praxis liberadora, ha conducido a un nuevo comienzo que intenta llevar a cabo el cambio de unas condiciones inhumanas.

 

Según la doctrina católica, está totalmente justificado que quienes sufren la opresión a manos de los detentores de la riqueza y del poder político, apliquen medios moralmente aceptables para lograr las estructuras e instituciones en las que se respeten verdaderamente sus derechos (Instrucción de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre la libertad cristiana y la liberación, 22/3/1986, p. 75ss.).

 

El juicio moral sobre qué acciones concretas están permitidas en estas duras situaciones debe fundamentarse en la dignidad y la libertad de la persona. Si el derecho a la libertad no se respeta desde el principio, entonces no puede llevarse a cabo una verdadera liberación.

 

Además, debe tenerse en cuenta que el mandamiento del amor al prójimo no puede reconciliarse con el odio a los demás, sean individuos o comunidades. Siguiendo el espíritu de los evangelios, parece que la única resistencia legítima contra la violencia injusta es la resistencia pacífica. Esta resistencia posibilita mostrar que sólo el amor conduce a la verdadera libertad, mientras que la violencia sólo provoca más violencia.

 

Podemos entender esta resistencia pacífica como una estrategia para conseguir la justicia. En la historia reciente encontramos ejemplos admirables de esta modalidad en la vida de Gandhi y Martin Luther King. El éxito de este camino depende en gran medida de si los que ostenta el poder están dispuestos a cambiar las circunstancias injustas.

 

Debe preferirse cualquier modalidad de reforma estructural e institucional a una revolución (violenta) como vía hacia la liberación de la violencia injusta; en nuestra historia reciente hemos comprobado cómo las revoluciones, vinculadas a ciertas ideologías, han provocado nuevas formas de opresión, en las que, en poco tiempo, se ha llegado hasta despreciar los derechos humanos.

 

Si un pueblo se encuentra tan oprimido que la resistencia pacífica no produce ningún cambio, puede invocar el derecho a la resistencia violenta como opción última, pero sólo si no existe ninguna otra forma alternativa de resistencia (por ejemplo, la pasiva).

 

En su Encíclica Populorum progressio, el Papa Pablo VI comenta esta última opción y dice que el conflicto armado podría justificarse como último recurso para poner fin a un claramente establecido y extremadamente duradero reino de violencia, que viola gravemente los derechos humanos fundamentales y pone en grave peligro el bien común del país (n. 31). Sin embargo, la Congregación para la Doctrina de la Fe considera que el uso sistemático de la violencia como un camino supuestamente necesario para la liberación es una ilusión peligrosa… que abre el camino a una nueva opresión (ibíd., n. 76).

 

En la actualidad, todos los países y la propia Iglesia están llamados a cooperar para asegurar que en ningún país de la tierra surjan situaciones en las que la opresión violenta insoportable fuerce al pueblo a liberarse con medios que detesta profundamente (véase Katholischer Erwachsenen-Katechismus, vol. 2, pp. 260-262).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
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D-60599 Frankfurt
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