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Pregunta 159:

¿Qué opina sobre el aborto? (TR)

 

Respuesta: Cuanto menos pueda una persona proteger su propia vida, más necesita que los demás y la sociedad la protejan. Al reconocer que toda vida humana posee dignidad y valor, la Iglesia apoya toda vida débil e indefensa.

 

Este sí a la santidad e inviolabilidad de la vida con respecto a la vida del nasciturus no resulta tan claro a la sociedad contemporánea como sí lo es la vida del nacido. Todos reconocen que el infanticidio es un crimen, pero no lo aplican al asesinato de los nasciturus. Innumerables nasciturus son asesinados diariamente mediante el aborto y se ofrecen muchas razones para justificarlo. Mucha gente cree que el nasciturus no posee la misma dignidad inviolable que el nacido; que, por consiguiente, no tienen el mismo derecho absoluto a la vida; que moral ni legalmente se encuentran en la misma posición con respecto a la prohibición de cometer un infanticidio.

 

La discusión científica sobre el nasciturus cuenta con teorías que asumen ciertos estadios y fases en el desarrollo del embrión hasta su configuración final como persona. Sin embargo, la genética y la embriología modernas no dejan lugar a dudas de que la vida comienza en el momento de la concepción. Por consiguiente, el embrión no es algo pre-humano ni una parte de la madre ni un mero producto para implarlo o algo que llegará a tener vida. Desde el momento de la concepción nos encontramos ante la vida de un ser humano en sus primeros estadios, que ya incluye los comienzos de los posteriores. En este sentido, dice el Vaticano II: Se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos (GS 51).

 

Así pues, existe un claro deber moral con respecto al tratamiento del nasciturus. Puesto que posee la misma dignidad que el nacido tiene que tratársele exactamente igual. Según el Código de Derecho Canónico, los que realizan un aborto (es decir, los padres que dan su consentimiento y también los profesionales que lo llevan a cabo) caen en excomunión (canon 1398).

 

El hecho de la que vida humana comience en el instante de la concepción implica que quienes usan medios para impedir que el huevo fecundado se implante en el útero, están destruyendo una vida humana. Desde el punto de vista moral, estos medios no pueden equipararse con los que impiden la concepción. Desde el punto de vista ético, impedir que el huevo fecundado se implante en el útero constituye un homicidio intencionado. Esta intencionalidad también se da en aquellos casos en los que no se ha logrado la fecundación o no puede impedirse que se implante el huevo en el útero por un fallo de los medicamentos que normalmente tienen este efecto.

 

El reconocimiento de que la vida humana debe ser protegida desde el momento de su concepción se refleja en la convicción de que los padres participan en la propagación de la vida conjuntamente con el amor de Dios creador y transmiten su amor en el mundo (véase GS 50). Dios crea al hijo, que es fruto del amor entre un hombre y una mujer, y le da su amor eterno. Dice sí a la vida que los padres han concebido. Esto es lo que queremos decir cuando afirmamos que el hijo es totalmente hijo de sus padres e hijo de Dios creador (véase Katholischer Erwachsenen-Katechismus, vol. 2. pp. 288-289).

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