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Pregunta 166:

¿Cuál es la perspectiva cristiana sobre la separación entre el Estado y la religión (el secularismo)? (TR)

 

Respuesta: Cuando los cristianos y los musulmanes se reúnen, por ejemplo, en Alemania, su encuentro no sólo está determinado e influenciado por sus diferentes religiones. Tanto si son conscientes como si no, entre ellos está siempre presente un tercer elemento de capital importancia. Nos referimos al Estado constitucional, que mantiene una posición neutral con respecto a cualquier religión, es decir, que nos hallamos en una sociedad que está estructurada de acuerdo con los principios de la laicidad. Mientras que, por una parte, Alemania forma parte de la civilización occidental, es decir, está modelada por sus raíces cristianas y judías, en la que los musulmanes, durante siglos, sólo podían ser invitados y recibidos amistosamente, la organización actual del Estado y la sociedad alemanas garantizan que los musulmanes tengan los mismos derechos legales que los cristianos y que unos y otros puedan reunirse como ciudadanos iguales y libres. Con otras palabras, no es la religión, sino el sistema jurídico fundamentado en los principios de la laicidad el que determina el estatus legal de una persona. La laicidad del sistema jurídico es la que asegura la igualdad jurídica de los ciudadanos de diferentes religiones, a diferencia del ordo cristiano de tiempos medievales y de aquellos países del mundo islámico en los que actualmente se mantiene que los judíos y los cristianos poseen un estatus inferior y, por tanto, se les considera ciudadanos que necesitan protección (dhimmi-s).

 

La importancia fundamental que en las constituciones occidentales modernas se da a ley de libertad religiosa se corresponde también con la convicción católica. En el Vaticano II, y especialmente en la declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae de 1965, la Iglesia Católica admitió la libertad religiosa como un derecho humano derivado del principio de la dignidad humana. Por una parte, es, por tanto, comprensible, si se entiende adecuadamente, que los cristianos exijan poseer el mismo nivel de libertad religiosa en los países islámicos que los musulmanes poseen en los nuestros. Pero, por otra, sería contrario a nuestra constitución como también a nuestra concepción cristiana de la libertad religiosa que Alemania intentara restringir los derechos de los musulmanes a practicar su religión porque en otras partes del mundo no se reconozca esta libertad.

 

El derecho básico a la libertad religiosa tiene cada vez mayor relevancia en nuestras sociedades pluralistas, donde encontramos diferentes religiones y ciudadanos que no tienen ninguna filiación religiosa. La sociedad tiene que decidir cómo trazar los límites entre la libertad religiosa de cada individuo. En esta perspectiva, es fundamental que cristianos y musulmanes dialoguen entre sí sobre sus respectivas religiones. Encontrarán muchos aspectos que los separan, pero también, al echar una mirada a quienes carecen de fe, hallarán muchos elementos que les unen. Así se incrementará la conversación entre ambos y también como miembros de la misma sociedad que busca que todos puedan vivir pacíficamente unos junto a otros más allá de cualquier límite.

 

Desde el punto de vista histórico, resulta claro que nuestras modernas constituciones, que se fundamentan en valores sólidos, pero son neutrales con respecto a las religiones, se originaron a partir de las guerras de religión. Como consecuencia de éstas, el Estado abandonó su monopolio de la verdad y aprendió que las convicciones religiosas no pueden imponerse mediante el poder y la violencia. Sin embargo, durante esas guerras quienes se enfrentaban eran cristianos de diferentes confesiones, y, por consiguiente, durante mucho tiempo la estructura secular siguió siendo cristiana, es decir, que estaba influenciada por la tradición cristiana. En nuestra relación con los musulmanes, los cristianos tenemos que ser altamente conscientes que la estructuración secular o laica del Estado es considerada por los primeros, en parte, como una realidad cristiana, pero también, en parte, como una realidad que ya ha dejado de ser cristiana y prescinde o no cree en Dios.

 

Mediante su compromiso con el Estado y la sociedad, como también mediante sus relaciones con los musulmanes, los cristianos deben esforzarse en asegurar que se comprenda correctamente que la secularidad o laicidad no significa ateísmo. También es importante que los musulmanes comprendan que la laicidad es el fundamento de su propia libertad religiosa y de convivencia pacífica con las demás religiones. De acuerdo con el valor fundamentado en un Estado jurídico neutro con respectos a la religión, los cristianos y los musulmanes deben determinar su identidad atendiendo a sus categorías de ciudadanos y de creyentes.

 

A este respecto, el cristianismo ha tenido que aprender con gran esfuerzo a asumir la secularización o laicidad del Estado a lo largo de los dos últimos siglos. Lo hemos conseguido gracias a la palabra de Jesús: Dad al César lo que es el César y a Dios lo que es de Dios. Jesús ha sido el perfecto ejemplo viviente de que la religión no puede equipararse a un sistema de gobierno. Sin embargo, muchos musulmanes siguen pensando que existe un vínculo fundamental entre la religión, el Estado y la ley. La experiencia cristiana del proceso de secularización ha sido en parte dolorosa, pero también ha sido muy positiva, porque la Iglesia se ha visto liberada de las tareas políticas. Así pues, ¿podría la experiencia cristiana ayudar a que los musulmanes admitan el Estado laico como el marco apropiado para vivir conjuntamente en la diversidad?

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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