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Pregunta 184:

¿Cómo valora las acciones del Vaticano durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Estuvo el Vaticano de acuerdo con el exterminio de los judíos? (TR)

 

Respuesta: A diferencia de Benedicto XV, que fue duramente criticado por su llamada a la paz durante la Primera Guerra Mundial, Pío XII fue alabado por su posición en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) por casi todo el mundo, incluso en vida. Sin embargo, en 1963, un joven escritor alemán, Ralf Hochhut, escribió una obra de teatro titulada El vicario que en seguida obtuvo un gran éxito y en la que acusaba a Pío XII de no haber denunciado públicamente el exterminio de los judíos por los nazis. Siguió una amarga controversia. ¿No había tenido Pío XII el valor suficiente para hacerlo? ¿Había sido un simpatizante de los nazis? ¿Carecía de información sobre lo que estaba pasando? El aspecto positivo de esta controversia fue la publicación de los documentos archivados, que arrojó cierta luz sobre el asunto. En cuanto diplomático y secretario de Estado (cardenal en 1929; secretario de Estado en 1930; Papa en 1939), Pío XII estaba muy bien informado de lo que estaba pasando en Alemania. En 1933 firmó un concordato con Hitler y en 1937 ejerció una gran influencia en la encíclica Con profunda angustia. Aunque no tenía simpatía alguna hacia los nazis, prefería la discreta intervención diplomática a las declaraciones solemnes.

 

Durante los años 1939-1940, Pío XII intentó con todas sus fuerzas impedir la escalada de la guerra; en aquellos años pidió a Mussolini que se mantuviera fuera del conflicto y suplicó a las potencias europeas que resolvieran sus problemas mediante la negociación. Durante todo el tiempo que duró la guerra resaltó una y otra vez, en numerosos discursos y en sus mensajes de Navidad, ciertamente en términos genéricos, la inutilidad de la guerra y las ventajas de las negociaciones y de una paz justa. Creó una oficina de prensa que fue dirigida por Mons. Montini (después Pablo VI). Esta oficina publicó noticias sobre los prisioneros de guerra y los desaparecidos. A los judíos y otras personas que se encontraban amenazadas se les ocultó secretamente en edificios papales y en monasterios. En los años 1943-1944, en los que Italia se convirtió en el teatro de operaciones de la guerra, Pío XII intentó proteger Roma presionando al rey de Italia para que depusiera a Mussolini y elevando sus protestas contra los bombardeos. Como Benedicto XV (1914-1922), Pío XII quería mantenerse neutral y por encima de las disputas. Al fin y al cabo, ¿no era el bolchevismo tan peligroso como el nacional-socialismo, e incluso más?

 

Aunque no faltaban las informaciones sobre las deportaciones y el exterminio de los judíos, que llegaron muy pronto al Vaticano, no obstante, eran muy imprecisas. La locura de lo que se decía excedía tanto lo que podía imaginarse que no llegó a creerse. En la primavera de 1943 se informó exhaustivamente a Pío XII de cuanto ocurría en la esfera de influencia de Hitler sobre el exterminio de los judíos. Al principio lo embargó un sentimiento de total indefensión. Se refirió al genocidio en dos discursos: en su mensaje de Navidad de 1942 y en su alocución a los cardenales de la Curia el 2 de junio de 1943. Se hacían alusiones genéricas, sin nombrar explícitamente a judíos ni a alemanes. Pío XII comentaba lo que le preocupaba que sus intervenciones provocaran más dificultades a quienes intentaba proteger. Por otra parte, permitió que los obispos determinaran sus propias iniciativas y acciones, con un doble resultado. Algunas protestas provocaron que los alemanes aumentaran la represión y la violencia. Por otra parte, la intervención diplomática tuvo algunos efectos en Eslovaquia, Croacia y Hungría, donde cesaron las deportaciones de los judíos por un tiempo. En Italia, el Papa no dijo nada sobre el encarcelamiento de los judíos el 16 de octubre de 1943, pero su discreta intervención impidió que se siguiera llevando a cabo.

 

Por consiguiente, el Papa dijo lo poco que podía decir y se centró deliberadamente en la diplomacia. Tras la guerra, muchos hubieran preferido una posición más profética por parte del Papa. En 1964, el arzobispo de Munich, cardenal Julius Döpfner, dijo lo siguiente: Echando una mirada hacia atrás, sería justo pensar que el Papa Pío XII tenía que haber protestado más claramente. Sea como fuere, en ninguna circunstancia tenemos derecho ni razón para dudar de la absoluta sinceridad de los motivos ni de la autenticidad del pensamiento y de la consideración más profunda desplegados por Pío XII (cf. J. Comby y D. MacCulloch, How to Read Church History, vol. 2, SCM Press, Londres 1989, pp. 213-215).

 

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