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Pregunta 198:

¿Cree que nuestro diminuto planeta es el centro del inmenso universo porque según el relato de la creación fue solamente en él donde comenzó la vida y los demás cuerpos celestes fueron creados como meros elementos decorativos? (TR)

 

Respuesta: Según el Concilio Vaticano II, creyentes y no creyentes están de acuerdo, casi unánimemente, en que todas las cosas de la tierra deben estar ordenadas a la humanidad como su centro y cumbre (GS 12).

 

Sin embargo, en nuestro tiempo sabemos como nunca antes que nuestro planeta no es el centro del universo y que, según la mayoría de los científicos, la especie humana está entretejida en la evolución del universo y de la vida. Se plantea, por tanto, la siguiente cuestión: ¿Qué es el ser humano? Esta ha sido la pregunta permanente que se ha hecho el hombre desde sus comienzos. La Biblia también se plantea esta cuestión (cf. Sal 8,5; 144,3; Job 7,17).

 

La respuesta fundamental que da la Biblia es: el ser humano es creado por Dios; debe su existencia y su ser a Dios. Su existencia es querida y sustentada por Dios; existe porque Dios lo ha llamado por su nombre: Quiero que tú existas (Katholischer Erwachsenen-Katechismus, vol. 1, p. 114).

 

La Biblia distingue, así, entre la creación de los seres humanos y la creación de los animales. Lo que distingue a unos de otros es el hecho de que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27). De todos los seres vivos, el ser humano es el único que ha sido creado a imagen de Dios, puede escuchar su voz y responderle. Por tanto, la humanidad es creada como compañera de Dios y está llamada a la comunión con él.

 

Contemplada desde el punto de vista de esta dignidad singular de la humanidad, la diminuta Tierra en medio del universo es, efectivamente, el centro del universo infinito. Esta perspectiva se expresa bellamente en los salmos:

 

¡Yahvé, Señor nuestro,

qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!

Tú que asientas tu majestad sobre los cielos,…

¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,

el hijo de Adán para que de él te cuides?

Apenas inferior a un dios lo hiciste,

coronándolo de gloria y esplendor… (Sal 8,5-7; cf. Sir 17,1-10).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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