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Pregunta 2:

¿El Hijo de Dios no fue creado sino engendrado y, no obstante, no procede del Padre? ¿Qué importancia tiene esta convicción de fe y qué explicación le damos? (TR)

 

Respuesta: Léase el capítulo 5, sección III, 2 (Padre-Hijo). Léase también la profesión de fe del apóstol Tomás: Señor mío y Dios mío (Jn 20,28).

 

No fue fácil afrontar el problema planteado por la crucifixión. El Evangelio de Juan nos cuenta cómo el apóstol Tomás, desgarrado por las dudas que tenía sobre la noticia de la resurrección de Jesús, luchaba dentro de sí: A menos que vea la señal de los clavos en sus manos y ponga mi dedo en el agujero de los clavos y mi mano en su costado, no creo (Jn 20,25). La conmoción del viernes santo estaba, simplemente, tan profundamente enraizada en Tomás que era incapaz de llegar a creer en la resurrección de Jesús sin que no le suscitara serias dudas. Los otros apóstoles le había dicho unos días antes: Hemos visto al Señor. Tomás reaccionó con frialdad y reticencia. Hemos encontrado al Señor, está vivo, le habían dicho. Sin embargo, no confió en ellos. Sólo el encuentro con el mismo Jesús resucitado abrió las puertas de la fe al apóstol escéptico: Una semana después, estaban de nuevo reunidos los discípulos en la casa, y Tomás estaba con ellos. Llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Extiende tu mano y ponla en mi costado. No dudes, ten fe (Jn 20,26-27). Sobrecogido por este encuentro con Jesucristo, que está vivo, Tomás consigue decir: Señor mío y Dios mío (Jn 20,28). ¡Es una profesión de fe! Y esta profesión de fe en Jesús como Señor y como Dios se encuentra al final de un largo camino pavimentado con dudas e incertidumbres, malentendidos y escepticismos que Tomás tuvo que recorrer. Pero no sólo él, sino que también todos los seguidores de Jesús tuvieron que hacer este camino para llegar a entender plenamente al Señor. Después de la Pascua, es decir, después de la resurrección de Jesús, lo reconocieron de nuevo al encontrarse con él, y sólo entonces se les abrieron los ojos (véase Lc 24,31). Sólo entonces tuvieron aquel conocimiento de Jesús que, posteriormente, condensarían en la profesión de fe.

 

En su carta a los Filipenses, san Pablo cita un himno que se compuso un poco después de la muerte y la resurrección de Jesús, y que sintetiza la fe en él con las siguientes palabras: Él fue… (Flp 2,6-11). Este es el credo fundamental de la fe cristiana.

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