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Pregunta 203:

¿Qué opina sobre el aborto? ¿Y sobre el aborto tras una violación? (TR)

 

Respuesta: Sobre la cuestión del aborto, véase la pregunta y la respuesta n. 159 en la sección 16. La Iglesia enseña que la vida humana en todas sus fases, es decir, antes y después del nacimiento, es una entidad legal, que, desde el comienzo, tiene derecho a ser preservada y protegida de la destrucción (el aborto y el infanticidio son crímenes abominables, GS 51).

 

Como cualquier otra vida, la vida del no nacido puede entrar en conflicto con otros bienes. En ciertas ocasiones, bien los padres o la madre entienden que la muerte del no nacido es el único medio que tienen para resolver un conflicto con otros bienes que les parecen más importantes o imposibles de dejar. ¿Cómo lograr una decisión éticamente responsable en estas circunstancias?

 

Para clarificar estas cuestiones es importante que conozcamos bien los hechos y la terminología usada como también que distingamos entre norma legal y juicio moral. En el contexto del debate sobre el aborto nos encontramos con el término indicación. Son muchos los que piensan erróneamente que significa indicación a favor del aborto, y consideran que es moralmente aceptable si existe tal indicación del médico. En realidad, tal indicación no es más que un signo o señal de que el niño concebido puede traer consigo ciertos problemas que para la madre o los padres implican un conflicto más o menos importante.

 

La indicación criminológica (y en la esfera legal también la ética y humanitaria) significa que se ha forzado ilegalmente a la madre a concebir un niño por violación.

 

La indicación de penuria general (social) significa que el niño concebido puede llevar a la madre o a la familia a una grave penuria social o económica, que la mujer embarazada puede experimentar de forma tan traumática que le provoca una considerable angustia psíquica.

 

La indicación médica significa que la vida del nasciturus hace peligrar la vida de la madre (indicación vital) o su salud (indicación profiláctica) […].

 

Todas estas indicaciones muestran que el bien de la vida del nasciturus puede encontrarse en conflicto con otros bienes. ¿Tienen todos estos otros bienes tal importancia o urgencia que son preferibles al bien fundamental de la vida del nasciturus? Este es el problema ético de fondo.

 

Si evaluamos la indicación criminológica a la luz de este problema resulta evidente que la valoración de los respectivos bienes éticos no puede equivaler a una justificación ética de la interrupción del embarazo. El niño concebido por violación tiene también un derecho fundamental a la vida que tiene la misma importancia que el derecho de autoderminación de la madre. Bien es cierto que esta valoración ética no resuelve los numerosos problemas que tiene una mujer que ha quedado embarazada por violación, pero ninguno de ellos pueden resolverse matando al nasciturus.

 

Aunque de forma diferente, esto también vale para las cargas psíquicas sobre la madre que son el argumento de la indicación de penuria. Las penurias emocionales y sociales constituyen un grave problema, pero no justifican la muerte del nasciturus, sino que, más bien, deben ser eliminadas para apoyar a la madre. Desafortunadamente, quienes son los más adecuados para llevar a cabo la tarea de impedir que la madre tome una decisión contraria a la vida del niño, el padre, la familia y el entorno social más próximo, fracasan a menudo en este particular. En ocasiones, intensifican la miseria de las embarazadas con su presión y las fuerzan a poner fin al embarazo. Esto se verifica también en la opinión pública general, cuyos criterios de valoración de la vida del nasciturus han cambiado sustancialmente. La mentalidad de la opinión pública fuerza frecuentemente a las mujeres a una situación en la que difícilmente pueden concebir una solución diferente.

 

También está llena de dificultades la evaluación del juicio ético correcto en el caso de una indicación médica. Por otra parte, el progreso en la medicina nos indica que la mayoría de los riesgos para la salud de la madre (indicación profiláctica) pueden reducirse hasta el punto de han llegado a ser raras las situaciones en las que hay un peligro para la vida (de la madre). En orden a evaluar los bienes en conflicto en el contexto de la indicación médica profiláctica, podemos decir que los problemas éticos no son, por lo general, tan graves como solían serlo. Ahora bien, no es esta la situación que se vive en muchos países de África, Asia y América del sur, donde el progreso médico no ha sido tan efectivo y no está al alcance de toda la población. Por consiguiente, la evaluación ética de la moralidad de una indicación médica tiene que tener en cuenta las circunstancias concretas. En particular, debemos decir que la evaluación de las medidas concretas no puede […] hacerse solamente según los criterios de convergencia con las normas morales convencionales. Estas no pueden captar adecuadamente lo concreto en su contingencia y singularidad, porque además de los criterios que lo particular comparte con lo general, posee también un valor añadido, dado que es el resultado de las particularidades de las circunstancias correspondiente. […] En cuanto ser capaz de vivir conscientemente y llamado a la libertad y la responsabilidad, la persona no es meramente una instancia de lo general, una realización individual de la idea de ser humano en cuanto tal, sino esta persona hinc et nunc, que tiene una historia propia e irrepetible y que mediante sus acciones se aproxima cada vez más a su meta final, a la comunión con el Dios eterno (Eberhard Schockenhoff, Grundlegung der Ethik. Ein theologischer Entwurf, Herder, Friburgo 2007, pp. 448s.).

 

Aunque raramente, se siguen dando casos en los que están en peligro la vida de la madre y del niño (indicación vital). La situación se hace intensamente dramática y todos los participantes se ven confrontados con un grave conflicto personal. Parecen difícilmente aplicables en este contexto las categorías sobre la santidad de la vida humana. La exigencia ética de permitir el curso de la naturaleza y aceptar la muerte de ambos, de la madre y el niño, se considera, en general, como algo inhumano. En este caso extremo y excepcional debemos tener en cuenta el argumento de quienes creen que es éticamente justificable salvar al menos una de las dos vidas, en particular, donde el objetivo de la acción es la conservación de la vida. Sin embargo, esta consideración no se encuentra en modo alguno al mismo nivel que la determinación de matar a un nasciturus que no se encuentra en conflicto con otro bien de igual valor. Los obispos de Alemania subrayan en este sentido: Es importante en esta circunstancia la ponderada decisión moral del médico implicado en ella. Nadie negará que esta decisión es deshonrosa (Sobre la enmienda del parágrafo 218, fechada el 7 de mayo de 1976) (Katholischer Erwachesenen-Katechismus, vol. 2, pp. 290-292).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
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D-60599 Frankfurt
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