German
English
Turkish
French
Italian
Spanish
Russian
Indonesian
Urdu
Arabic
Persian
Casa     Citas Biblia y Corán     Preguntas     Responsables

Pregunta 220:

¿Por qué los católicos creen en la presencia real de Jesús en la eucaristía y los protestantes no? (TR)

 

Respuesta: Vuelva a leer el capítulo 7 de esta página web (La eucaristía, también llamada tradicionalmente la santa misa, en particular las secciones III y IV. A continuación, lea también la respuesta a la pregunta 20 en Preguntas y respuestas 1, que también puede ver en esta misma página. Como ya hemos comentado en ellos, la última vez que Jesús estuvo con sus discípulos dijo unas palabras muy misteriosas: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Esta la copa de mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos. En su libro Kleines katholisches Glaubensbuch (Breve manual de la fe católica), el teólogo Otto Hermann Pesch escribe lo siguiente:

 

En primer lugar, las palabras confirman de nuevo que la entrega que Jesús hace de su vida está presente en este banquete, en esta celebración eucarística de acción de gracias, y esta entrega la hace al Padre celestial como también a la humanidad. Por esta razón se solía llamar a la misa el sacrificio de la nueva alianza, pues en lugar del sacrificio del cordero pascual nos encontramos ahora con la entrega que Jesús hace de sí mismo a Dios por la humanidad. A diferencia de los sacrificios anteriores, Jesús hace un sacrificio de una vez y por todas, por lo cual la misa no es un nuevo sacrificio ni una repetición del sacrificio de la cruz, sino una actualización de la muerte de Jesús en la cruz, que se ha convertido en el sacrificio de la nueva alianza y ha reemplazado al cordero pascual y a todos los sacrificios de la antigua alianza.

 

La presencia de Jesús

 

Pero las palabras de Jesús son también misteriosas en otro aspecto. Jesús se identifica con los dones que da a sus discípulos y les pide que los den a otros en memoria suya. Esto es mi cuerpo — esta es mi sangre significa este soy yo. ¿Cómo podemos entender esta afirmación? La historia es testigo de la amplia gama de intentos que se han hecho para encontrar una explicación. Ninguno de ellos puede explicar completamente estas palabras, ni pueden hacerlo. Pero sí podemos apuntar a la dirección en la que es posible imaginar la identificación de Jesús con los dones, o, mejor dicho, la presencia de Cristo en estos dones.

 

Una cosa está clara: No se trata de algo mágico. Ni el pan ni el vino se transforman exteriormente en el cuerpo y la sangre de Jesús, ni puede encontrarse a Jesús en su forma terrenal posteriormente en estos dones. En este sentido, la forma exterior del pan y del vino —estructura, color, sabor, elementos que los componen—son un signo de la presencia de Cristo. Pero, ¿cómo puede una persona identificarse con los signos que muestran su presencia? Pensemos en un marido que regala a su esposa 25 rosas cada año en la fecha de su aniversario matrimonial. ¿Qué sentido tendría? El hombre diría a su esposa: Estas rosas contienen la misma expresión del amor que siento por ti como en el día de nuestra boda. Con esta comparación nos acercamos bastante al misterio de las palabras de Jesús: él no está presente en cualquier lugar, sino que está personalmente presente, invisiblemente pero realmente, en su amor; y este amor es el mismo que le hizo entregarse a la muerte por nosotros, expresado con los mismos dones que dio en la última cena.

 

No obstante, existe una diferencia, y aquí es donde falla nuestra imaginación: incluso el signo más expresivo en el que los seres humanos puedan pensar, no elimina la diferencia entre el signo y el que lo da. Las rosas no son el hombre. Y, aún más importante, el hombre podría solamente fingir que ama a su esposa —los seres humanos no somos totalmente fiables. Ahora bien, no es este el caso de Jesús. Sus signos son totalmente fiables. No existe la mínima posibilidad de hipocresía. Y dado que no puede compartir el espacio y el tiempo de nuestra existencia, sí puede eliminar la diferencia entre el signo y la persona, puede ofrecer toda su realidad invisiblemente en los signos de su sacrificio. Es evidente que nuestra imaginación no logra llegar a este punto. Solo podemos creer en las palabras de Jesús, y, con esta fe, deleitarnos en su cercanía.

 

La presencia de Cristo, que murió por nosotros y fue resucitado por Dios — tal es […] la cercanía del mismo Dios que salva nuestra vida. Todo cuanto constituye nuestra fe se congrega, por tanto, en la misa. Oímos el mensaje (las lecturas), aprendemos lo que significa para nuestra vida (homilía), celebramos la memoria de aquellos acontecimientos en los que Dios se nos acercó irrevocablemente, la muerte y la resurrección de Jesús, experimentamos su presencia al recibir los dones eucarísticos, se nos recuerda las implicaciones que tienen para nuestra vida… Por esta razón la constitución sobre la liturgia del Concilio Vaticano II afirma que de la misa mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin (n. 10). Esto no significa que siempre que celebremos la misa tengamos que estar pletóricos. Es un punto culminante de facto. En ninguna otra parte de la vida de la iglesia y de la vida cristiana se unen tanto todos los aspectos de la fe, en ningún lugar puede reflejarse en sí mismo el fiel como durante la misa (Kleines katholisches Glaubensbuch, Topos Taschenbücher 539, Kevelaar 2009, pp. 101-103).

 

El Catecismo Católico para Adultos (Katholischer Erwachsenen-Katechismus) responde del siguiente modo a las diversas críticas contra la doctrina católica sobre la presencia de Cristo en la eucaristía:

 

A lo largo de la historia, la iglesia ha tenido que defender su fe en la presencial real de Jesucristo en la eucaristía en varias ocasiones y explicarla en profundidad. Ya en la primera y segunda Controversia sobre la Última Cena en los siglos IX y XI, la iglesia tuvo que defenderse de una interpretación meramente espiritual y meramente simbólica de la eucaristía. Por otra parte, también tuvo que defenderse de una comprensión errónea groseramente carnal de la eucaristía, similar a la de los habitantes de Cafarnaún, según la cual se creía que se podía recibir a Cristo en la eucaristía del mismo modo que uno come el pan común (cf. Juan 6,52). Ambos errores son clarificados por el IV Concilio de Letrán (1215) con su declaración sobre la transustanciación del pan y del vino en la eucaristía. Durante los debates con los reformadores en el siglo XVI, se tuvo que responder de nuevo de una forma un tanto diferente. A diferencia de Zuinglio, que la entendía como puramente simbólica, Lutero creía firmemente en la presencia real del cuerpo y la sangre de Jesucristo en y entre el pan y el vino (Gran Catecismo), pero se oponía a la doctrina católica de la transustanciación por las dificultades terminológicas que le estaban asociadas y también negaba que la presencia de Cristo se mantuviera una vez acabada la eucaristía, porque esta era consagrada para que la comunidad la consumiera. Calvino se opuso incluso a la presencia en y entre el pan y el vino, y enseñó que el Cristo ascendido al cielo se hacía presente en la eucaristía por la acción del Espíritu Santo. Solo en el siglo pasado, los luteranos y los reformados llegaron a cierta comprensión común que desembocó en una comunión recíproca con respecto a las cuestiones relativas al púlpito y a la eucaristía (Concordia de Leuenberg). También se produjo un acercamiento ecuménico, no un acuerdo completo, entre los luteranos y los católicos sobre la Cena del Señor, en el contexto de un gran encuentro ecuménico, que concluyó con el denominado Documento de Lima. Sin embargo, aún no existe un consenso sobre la presencia de Jesucristo en el pan consagrado una vez terminada la celebración (Katholischer Erwachsenen-Katechismus, vol. 1, p. 349).

 

Contáctenos

J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
Offenbacher Landstr. 224
D-60599 Frankfurt
Mail: fragen[ät]antwortenanmuslime.com

Más información sobre los autores?