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Pregunta 231:

Todas las religiones predican la paz y hablan de hacer el bien y evitar el mal. Aún así, hay guerras por todas partes. ¿Por qué? (TR)

 

Respuesta: No son las religiones en tanto que religiones las que luchan entre ellas, sino los individuos y los grupos que pertenecen a una u otra religión. A las religiones les debería preocupar transformar a los hombres, individual y comunitariamente, en instrumentos de paz. Concretando, esto quiere decir lo siguiente. El amor, que reconoce al otro como su hermano y su hermana, va más allá de las reivindicaciones jurídicas, de las propias y de los demás; neutraliza la agresividad y la hostilidad; se esfuerza por resolver los conflictos y las confrontaciones usando medios pacíficos y logrando que los demás busquen la paz y la reconciliación. Una primera consecuencia es que debemos entrenarnos para adoptar una actitud y un comportamiento pacíficos en el contexto de la vida contemporánea: en la familia, en la escuela, en el lugar donde trabajamos, en el círculo de los amigos, en los grupos y las organizaciones, en la Iglesia; mirando a los demás sin prejuicios; aprendiendo a conocer a los que pertenecen a otros grupos o naciones y aceptándolos en su diferencia; teniendo en cuenta las necesidades del otro y clarificando las propias; desmontando los prejuicios y las imágenes hostiles; cambiando las actitudes y los comportamientos que amenazan la paz; mostrándose capaz de colaborar conjuntamente con los demás y aceptar los compromisos; situándose a favor de los desfavorecidos, incluyendo las necesidades del tercer mundo, y colaborando para eliminar las situaciones injustas (Catecismo Católico para Adultos, vol. 2, p. 327).

 

En la medida en que las doctrinas de las diferentes religiones enseñen a sus miembros estos ideales, los fomenten en la educación y los encarnen eficazmente en la vida privada y pública, podemos decir que realmente favorecen la paz. Con esto queremos decir implícitamente que no todas las doctrinas éticas de las diferentes religiones por el hecho de ser doctrinas y prescripciones religiosas pueden fomentar la paz.

 

Vivimos nuestro tiempo como un tiempo de guerra, de conflictos sin guerra, de guerras civiles, de revoluciones y alborotos sociales. Cuando las tensiones y los conflictos aumentan, tenemos dudas, incluso aunque no se produzca ninguna guerra, de hablar de una paz verdadera.No obstante estas experiencias, como cristianos estamos convencidos de que la paz es posible, porque la alianza fiel de Dios con los hombres acompaña a la humanidad desde Abrahán, y a nosotros ya se nos ha obsequiado con la paz de Dios por el evangelio de la paz (Efesios 6,15), que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4,7). Por eso, nuestra idea de la paz parte de la paz más grande y completa que se fundamenta en la promesa de Dios que ya ha comenzado a realizarse en Jesucristo y que encontrará su realización total en la plenitud del reino de Dios. Esta paz es el fundamento y la condición que hace posible la paz con nosotros mismos y entre los demás. La paz en la tierra es una imagen y un fruto de la paz de Cristo… Por su sangre derramada en la cruz ha dado muerte a la hostilidad en su persona…, ha reconciliado a los hombres con Dios y ha hecho de su Iglesia un sacramento de la unidad de la humanidad y de su comunión con Dios (Katholischer Erwachsenen Katechismus, vol. 2, p. 317).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

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