German
English
Turkish
French
Italian
Spanish
Russian
Indonesian
Urdu
Arabic
Persian
Casa     Citas Biblia y Corán     Preguntas     Responsables

Pregunta 236:

¿Pueden tener revelaciones personas que no sean profetas? Según la teología cristiana, los cuatro evangelios fueron escritos por autores que no habían sido profetas.

 

Respuesta: Quien hace esta pregunta debe leer con atención el capítulo 1 de esta página web http://www.respuestasalislam.com /: La Sagrada Escritura. La doctrina islámica diferencia entre dos tipos de profetas: el enviado por Dios para advertir y reprender, al que simplemente se le llama profeta (nabi) y los enviados (rasul) de Dios cuyas revelaciones profetizadas, que van más allá de la mera advertencia y reprensión, han sido puestas por escrito. El creyente musulmán que el evangelio verdadero (injil) es el libro (perdido) que fue revelado al profeta Isa por el arcángel Gabriel. Sus puntos esenciales están de acuerdo con la revelación que Dios comunicó a todos los profetas desde Adán. A partir de esta convicción islámica fundamental, la pregunta que se le plantea a los musulmanes es la siguiente: ¿cómo puede ser verdadera una doctrina como el cristianismo cuando enseña que existen cuatro evangelios y que cada uno de ellos tiene un autor humano diferente? ¿Cómo pueden personas que no son profetas, en el sentido que el islam le da al término, recibir una revelación auténtica y, además, en forma de libro? 

Para explicar este asunto, resumiremos brevemente de nuevo la concepción católica de la revelación y de la inspiración de la Sagradas Escrituras. Con su capacidad de razonar, el ser humano puede llegar a saber que Dios existe, pero no logra saber cómo es realmente este Dios. Ahora bien, este Dios se ha revelado porque quiere ser conocido como tal. No tenía por qué revelarse a nosotros, pero lo hizo por amor. Al igual que con el amor humano solo podemos conocer algo de la persona amada si se nos abre al corazón, así también solo podemos conocer los pensamientos más profundos de Dios porque el Dios eterno y misterioso se nos abrió por amor. Dios habló constantemente con la humanidad desde la creación del mundo hasta los patriarcas y los profetas y, finalmente, mediante su revelación definitiva en su Hijo Jesucristo. En el Antiguo Testamento (es decir, en las Sagradas Escrituras del pueblo judío, el pueblo elegido), Dios se revela como aquel que crea el mundo por amor y se mantiene fiel a su pueblo aun cuando este se aparte de él por el pecado (YOUCAT: Jugendkatechismus der Katholischen Kirche, Pattloch, Aschaffenburg 2011, nn. 7-8).

Durante siglos, Dios habló a los corazones de los hombres y se les reveló, paso a paso, enseñándoles continuamente. Entre todos los pueblos de la tierra eligió a uno pequeño, Israel, y lo modeló para establecer con él una alianza. Mediante este pequeño pueblo, todos los demás pueblos de la tierra aprenderían que existe un Dios y que tiene un plan para la humanidad. El relato de la alianza divina con Israel se encuentra en estos libros del Antiguo Testamento que forman la primera parte de la Biblia. Dios nos preparó, paso a paso, para que estuviéramos dispuestos a aceptar su revelación sobrenatural que concluye en la persona y el envío de su Hijo, la palabra encarnada de Dios, Jesucristo (Ich glaube : Kleiner katholischer Katechismus, Königstein 2004, p. 11).

Según el lenguaje bíblico, la palabra «alianza» alude al pacto que el Dios trascendente hizo con Noé, con Abrahán, y, posteriormente, con todo el pueblo en el monte Sinaí. La alianza le confirma a Israel su estatus de pueblo elegido como promesa de Dios: «Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo». Los diez mandamientos constituyen las condiciones contractuales de la alianza. En su memoria, Israel celebra la alianza todos los años. Puesto que la alianza fue realizada por un Dios que merece toda la confianza, el pueblo puede confiar en ella. Incluso en los peores momentos de desesperación, el creyente no pierde la esperanza, sino que espera que Dios ofrezca al pueblo una nueva alianza. El único mediante el que Dios cumple esta esperanza y se reveló a sí mismo es Jesús, el Mesías, el Cristo (ibid., p. 14) 

En los diversos períodos de la historia del primer pueblo de la Alianza, Dios llama a profetas que son, principalmente, sus amigos fieles. Puesto que el pueblo tiende a olvidar a su Señor y a desconfiar de él, Dios les envió profetas para que le recordaran su amor, su fidelidad y sus exigencias. Elías, Amós, Oseas, Jeremías, Ezequiel, se cuentan entre ellos. La Biblia nos cuenta sus acciones y enseñanzas (ibid., p. 12s).

El mensaje central de las Sagradas Escrituras de la primera alianza (también llamada la antigua alianza) será también el mismo del pueblo de la segunda alianza, también llamada nueva alianza, es decir, de los cristianos, y, potencialmente, de toda la humanidad:

* Saber que Dios existe para las personas, que las conoce y que las ama, y por eso podemos confiar en él.
* Saber que Dios existe para mí, que me conoce y que me ama.
* Amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi fuerza y con toda mi capacidad.
* Escuchar su palabra, hacer su voluntad, aceptar el plan que tiene para mí (cf. ibid., p. 13)

Es evidente que solo en Jesucristo, su Hijo, muestra Dios la profunda plenitud de su amor misericordioso. Mediante Jesucristo el Dios invisible se hace visible y humano como nosotros, lo que nos muestra la grandeza de su amor: él carga con todo nuestro peso. Dondequiera que vayamos él está con nosotros. Está presente en nuestra desolación, en nuestro sufrimiento, en nuestro temor a la muerte. Está presente cuando ya no podemos seguir adelante, para abrirnos la puerta a la vida. Con Jesucristo, Dios ha entrado en el mundo. Él es la palabra definitiva de Dios. Al escucharle, todo el mundo puede saber siempre quién es Dios y qué necesita para su salvación. Con el evangelio de Jesucristo, la revelación de Dios ha concluido. Podemos entenderla gracias al Espíritu Santo, que nos adentra más profundamente en la verdad […] (YOUCAT, nn. 9-10). Los cristianos encuentran la fe verdadera en la Sagrada Escritura y en las tradiciones de la iglesia […] (YOUCAT, n. 12).


La comunidad de los creyentes no puede errar en su fe porque Jesús prometió a sus discípulos que les enviaría el Espíritu de la verdad y que recibirían la verdad (Jn 14,17) (ibid., n. 13).

De lo anterior se sigue que los libros de la Escritura deben reconocerse como enseñanza solida, fiel y sin error de la verdad que Dios quiso consignar en los escritos sagrados para nuestra salvación. Por consiguiente, «toda Escritura está divinamente inspirada» (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 11).La Escritura no cayó de los cielos ni fue dictada por Dios a los escribas humanos, sino que «en la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería» (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 11; cf. n. 14)

Pero ¿cómo puede ser verdad la Sagrada Escritura si no todo cuanto contiene es correcto? La Biblia no está interesada en enseñar con precisión histórica ni con un conocimiento científico. Además, sus autores son también hijos de su tiempo. Compartían las ideas culturales de su entorno y a veces estaban impregnados de errores. Pero todo cuanto el ser humano necesita saber sobre Dios y el camino de su salvación puede encontrarse en las Sagradas Escrituras con certeza total y sin error alguno (ibid., n. 15)

La revelación de Dios termina con el Nuevo Testamento. Los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) son el núcleo de la Biblia y el tesoro más valioso de la iglesia. En ellos el Hijo de Dios se muestra en su modo de vivir y de encontrarse con nosotros. En los Hechos de los Apóstoles oímos hablar de los comienzos de la iglesia y de las intervenciones del Espíritu Santo. Las cartas de los apóstoles colocan la vida de todos, en toda su complejidad, bajo la luz de Cristo. En el misterio del Apocalipsis se nos anuncia por anticipado el final de los tiempos (ibid., n. 18)

Contáctenos

J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
Offenbacher Landstr. 224
D-60599 Frankfurt
Mail: fragen[ät]antwortenanmuslime.com

Más información sobre los autores?