German
English
Turkish
French
Italian
Spanish
Russian
Indonesian
Urdu
Arabic
Persian
Casa     Citas Biblia y Corán     Preguntas     Responsables

Pregunta 241:

Se dice que el bautismo quita todos los pecados. ¿También en el caso de los asesinos, de los que abusan de los niños y de los narcotraficantes?

 

Respuesta: Sí, efectivamente. El bautismo produce el perdón de todos los pecados sin excepción. Añadimos la siguiente información fundamental sobre el bautismo:

¿Qué es el bautismo?

El bautismo es el camino que te lleva desde el ámbito de la muerte al de la vida; la puerta que te introduce en la iglesia y el comienzo de una comunión perdurable con Dios (YOUCAT: Jugendkatechismus der Katholischen Kirche, Pattloch, Aschaffenburg 2011, n. 194) 

El rito del bautismo se realiza del siguiente modo: La persona que va a ser bautizada se sumerge en la fuente bautismal tres veces o bien se le derrama agua sobre su cabeza tres veces mientras se dicen las siguientes palabras: «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». 

Presentamos a continuación una breve introducción al sentido que tiene este sacramento fundamental de la iglesia.

 

1. Fundamento bíblico

 

El discurso que hace Pedro en Pentecostés llega directamente al corazón de muchos de los que le escuchan. Le preguntan a él y a los demás discípulos: «¿Qué hemos de hacer?». Según el mandato del Señor (Mt 28,19), Pedro les responde: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2,37-38).

Juan el Bautista había convocado a un bautismo de agua y arrepentimiento para preparar la llegada del Mesías, y también Jesús quiere recibir este bautismo de Juan en el río Jordán como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (1 Jn 1,29). El término «bautismo» (en griego baptizein) significa inmersión.  Jesús, que se dejó sumergir (bautizar) en la muerte para la salvación del mundo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1225), nos donó el bautismo por el Espíritu Santo de modo que todos pueden nacer de nuevo mediante el agua y el Espíritu Santo para entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5) (Ich glaube: kleiner katholischer Katechismus, Königstein 2004, p. 121.)

[Cuando una persona que no ha sido bautizada, da su vida por Cristo (martirio) recibe un bautismo de sangre. También se da un bautismo de deseo, cuando un no bautizado hace el bien, apoya a su prójimo, y, así –a veces sin ser consciente de ello– se encuentra siguiendo a Cristo. También creemos que Dios, en su misericordia, no abandona a los niños que mueren antes de ser bautizados (ibid., p. 124)] 

La nueva comunidad de Dios, la iglesia, no solo crece entre los judíos. En Hch 8,26-40, Lucas nos cuenta la historia de Felipe, uno de los siete diáconos. Siguiendo una intuición, parte para Gaza. En el camino se encuentra con un noble de Etiopía que regresaba de Jerusalén, donde había estado orando en el templo; sentado en su carruaje, este hombre lee la profecía de Isaías (Is 53,7-8). Felipe oye lo que el extranjero está leyendo y le pregunta: «¿Entiendes lo que lees?». Él le responde: «¿Cómo podría entenderlo si nadie me lo explica?. Entonces, Felipe sube al carruaje y le explica cómo las palabras del profeta se han cumplido en Jesucristo, que vino a reconciliar al pueblo con Dios. Fue rechazado y aceptó el sufrimiento; no se opuso a la muerte en la cruz. Fue inmolado como un cordero llevado al sacrificio. Pero Dios lo resucitó; está vivo, y nosotros somos testigos. Él es el salvador y el redentor. El que cree que Jesús es el Mesías y el Salvador y se bautiza, se convierte en una persona nueva, en un cristiano. En el camino llegan hasta un manantial. El etíope dice: «Mira, hay agua. ¿Qué impide que sea bautizado?» Los dos se metieron en el agua y Felipe lo bautiza: «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». El etíope se convirtió en el primer cristiano africano (ibid., p. 121s)

 

2. Breve resumen de la doctrina de la Iglesia

 

El bautismo es el sacramento que comparten todos los cristianos. La iglesia lo concede según el mandato del Señor: «Id a haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19). Por lo general, es administrado por un obispo, un sacerdote o un diácono. En caso de emergencia, cualquier persona, incluso una que no esté bautizada, puede bautizar a otras, garantizado que su intención es hacer lo que hace la Iglesia (cf. CatIglCat n. 1256). El bautismo es válido para siempre. No puede revocarse ni repetirse porque confiere un signo indeleble a los cristianos, un símbolo espiritual de su pertenencia a Cristo. Este es el sello del bautismo. El pecado no puede borrarlo, aunque sí impide que se produzcan todos los frutos de la salvación en el bautizado (cf. CatIglCat n. 1272).

El bautismo es el fundamento de una relación personal con cada una de las personas de la Santísima Trinidad. El Espíritu Santo derrama su gracia salvífica sobre nosotros, permitiéndonos, así, participar en la naturaleza divina (2 Pe 1,4). De este modo, nos convertimos en hijos adoptivos de Dios en Cristo Jesús que es el Hijo encarnado del Padre. La Santísima Trinidad da al bautizado la gracia santificante, la gracia de la justificación:  – capacitándolo para creer en Dios, para esperar en él y para amarlo mediante las virtudes teologales; – dándole el poder de vivir y de actuar bajo la moción del Espíritu Santo mediante los dones espirituales;  – permitiéndole crecer en la bondad mediante las virtudes morales. Así pues, todo el organismo de la vida sobrenatural cristiana tiene sus raíces en el bautismo (CatIglCat n. 1266). Por consiguiente, el bautismo nos hace participar en el sacerdocio de Cristo, en su misión de sacerdote, profeta y rey. Nos capacita para unirnos a él como ofrenda de nosotros mismos al Padre, para dar testimonio del evangelio y para configurar el mundo según la voluntad de Dios. Tal es el sacerdocio de todos los creyentes. 

El bautismo borra el pecado original, perdona los pecados, y nos convierte en hijos de Dios, en hermanos y hermanas de Jesucristo, en miembros de la iglesia. Somos hermanos y hermanas, y, por tanto, podemos decir en verdad: Padre nuestro, que estás en el cielo. 

Mediante el bautismo lleva a cabo un nuevo comienzo con nosotros, un comienzo que se origina con él y que producirá frutos a lo largo de nuestra vida. Si somos fieles a Cristo en la fe, la esperanza y el amor, entonces la gracia recibida en el bautismo se hace operativa y crece en nosotros. El bautismo encuentra, así, su plena realización en la santidad a la que somos llamados y que se realiza poco a poco en nosotros mediante la actividad vivificante y creciente de Dios en nuestra vida (ibid., p. 122s)

Contáctenos

J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
Offenbacher Landstr. 224
D-60599 Frankfurt
Mail: fragen[ät]antwortenanmuslime.com

Más información sobre los autores?