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Pregunta 280:

¿Por qué razón dan los cristianos a la madre de Jesús un estatus igual que Dios?


Respuesta:

En primer lugar, debe subrayarse que en la fe cristiana la madre de Jesús no posee un estatus igual que Dios. El lugar de María en la fe cristiana está referido estrictamente a Jesús como Salvador de la humanidad y hacia la importancia que ella tiene para la autocomprensión de la Iglesia. María es una persona totalmente humana que responde a Dios –de ninguna manera forma parte de la realidad divina misma–. Dios no actúa sin el consentimiento libre y la libre voluntad del individuo, como muestra claramente el «sí» de María al mensaje del ángel. Lógicamente, esto significa que María NO es Dios (a diferencia de Q 5,11–was bedeutet das?, que posiblemente aluda a una veneración herética de María por algunos grupos cristianos).

Todas las confesiones cristianas tienen en alta estima a María como la madre de Jesús y creen que su obediencia a Dios es todo un ejemplo para el cristiano. En las Iglesias principales, por ejemplo, en la Iglesia Católica, ella es venerada (¡no adorada!) como la «Madre de Dios» y la «Madre de la Iglesia». El título «Madre de Dios» no debe interpretarse en sentido biológico o politeísta. «Madre de Dios» es una afirmación teológica sobre Jesucristo (no principalmente sobre María), que remite a la concepción cristiana de la encarnación de Dios. Esta proclamación provocativa fue deliberadamente elegida por la Iglesia antigua para instar al pueblo a que pensara en la verdadera naturaleza de Jesucristo. Una interpretación más exhaustiva puede encontrarse en la respuesta a la pregunta 71 de la página web. María es la «Madre de la Iglesia» no solo porque, según el libro de los Hechos, ella y los apóstoles estaban en el centro de la nueva comunidad de creyentes (Hechos 1,12-14). Ella es también la «Madre de la Iglesia» porque ordenó toda su vida según la voluntad de Dios. La palabra de Jesús se aplica a ella: «Dichosos más bien quienes escuchan la palabra de Dios y la obedecen» (Lucas 11,27-28; cf. 8,21). También la iglesia tiene importancia solo si escucha la palabra de Dios, si se centra solamente en Dios y si actúa no por su propio poder, sino por el poder de Dios.

Pero más allá de toda reflexión teológica, los creyentes sencillos han visto siempre a María desde su corazón y sus sentimientos. Para muchos es una figura de esperanza, porque experimentan con su vida la solidaridad en el sufrimiento y la esperanza en la misericordia de Dios. Por eso, muchos que sufren enormemente se dirigen a María como su abogada, sin por ello creer que sea un ser divino. Es verdad que algunas prácticas pueden interpretarse mal e incluso transgredir los límites. La Iglesia ha intentado siempre mantener los límites, tomando con seriedad al mismo tiempo las esperanzas y los temores de las personas. Muchas religiones comparten este esfuerzo de equilibrio entre la correcta comprensión teológica y la piedad popular –en particular el cristianismo y el islam–.

 

 

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