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Pregunta 43:

¿Podría resumir brevemente su opinión sobre el protestantismo? ¿Están condenados al infierno los protestantes según la doctrina católica? (TR)

 

Respuesta:

 

a. ¿Qué constituye la unidad de la Iglesia desde el punto de vista católico?

b. ¿En qué aspectos se ha violado esta unidad a lo largo de la historia?

c. ¿Cómo intenta la Iglesia restaurar esta unidad?

d. ¿Cómo contempla la Iglesia su relación con los cristianos no católicos?

 

Responderé a estas preguntas recurriendo al Vaticano II (1962-1965), especialmente a la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium (LG) y al Decreto sobre el Ecumenismo Unitatis redintegratio (UR), como también al posterior Catecismo de la Iglesia Católica.

 

Debe clarificarse que actualmente la mayoría de los protestantes no suscribirían totalmente la afirmación que se les atribuye en la pregunta 42, a saber, que los católicos irán al infierno por el hecho de ser católicos.

 

a. ¿Qué constituye la unidad de la Iglesia desde el punto de vista católico?

 

La Iglesia es una porque tiene su origen en la unidad de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en la Trinidad. Es una porque uno fue su fundador, Jesucristo, y es una porque tiene un alma, el Espíritu Santo que mora en los creyentes y que llena y orienta a toda la Iglesia.

 

Desde su comienzo ha habido una gran diversidad en el seno de la Iglesia, que tiene su origen en la diversidad de los dones que Dios concede, pero también en la diversidad de las personas que los reciben. Esta diversidad entre sus miembros surge por sus deberes, como es el caso de quienes ejercen el ministerio sagrado para el bien de sus hermanos, o por su condición o estado de vida, como es el caso de quienes entran en la vida religiosa y, con el objetivo de santificarse por una vía más estrecha, sirven de estímulo a sus hermanos mediante su ejemplo. Además, en el seno de la Iglesia tienen su justificado lugar las Iglesias particulares, que mantienen sus propias tradiciones sin por ello oponerse al primado de la Sede de Pedro, que preside en la caridad a la totalidad de la asamblea (cf. LG).

 

Esta rica diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia, pero el pecado y sus consecuencias cargan y amenazan constantemente el don de la unidad (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 814)

 

¿Cuáles son los vínculos de la unidad de la Iglesia? En primer lugar, el amor, el broche de la perfección (Col 3,14). La unidad de la Iglesia se asegura con los siguientes vínculos visibles:

 

- El compromiso con la única y la misma fe apostólica.

- La celebración comunitaria de la fe, especialmente de los sacramentos.

- La sucesión apostólica, es decir, la sucesión continua de obispos y sacerdotes que se remonta a los apóstoles y que, mediante el sacramento del orden, mantienen la armonía fraternal en la familia de Dios.

 

Esta es la única Iglesia de Cristo…que nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y gobernaran…Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en (en latín: subsistit in) la Iglesia Católica gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él (LG 8).

 

b. ¿En qué aspectos se ha violado esta unidad a lo largo de la historia?

 

En esta una y única Iglesia de Dios aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el Apóstol [San Pablo] reprueba severamente como condenables; y en siglos posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica, y a veces, no sin culpa de los hombres por ambas partes (UR 3). Entre las comunidades que se separaron de la Iglesia católica se encuentran los protestantes. Ahora bien, quienes ahora nacen en estas Comunidades y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos…justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor (UR 3).

 

Además, más allá de las fronteras visibles de la Iglesia católica, se encuentran en ellos muchos elementos de santificación y de verdad (LG 8): la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y otros dones interiores del Espíritu Santo, y los elementos visibles (UR 3). El Espíritu de Cristo usa estas iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación. Su fuerza procede de la plenitud de la gracia y la verdad, que Cristo ha confiado a la Iglesia católica. Todos estos bienes proceden de Cristo, conducen a él y, por su convergencia, y contribuyen a la unidad católica (cf. LG 2-3).

 

c. ¿De qué modo se esfuerza la Iglesia por restablecer la unidad?

 

Cristo da siempre a su Iglesia el don de la unidad, pero la Iglesia debe orar y trabajar constantemente para mantener, fortalecer y perfeccionar esta unidad que Cristo desea para ella. Los siguientes requisitos son necesarios para cumplir su promesa:

 

- La constante renovación de la Iglesia para que sea más fiel a su llamada. Esta renovación es la fuerza que impulsa el movimiento hacia la unidad.

- La conversión del corazón para conseguir una vida pura de acuerdo con el evangelio, pues la infidelidad de los miembros de la Iglesia católica al don de Cristo es causa de separación en ella.

- La oración conjunta, porque la conversión del corazón y la santidad de vida, junto con la oración privada y pública por la unión de los cristianos, deben considerarse el alma de todo el movimiento ecuménico; a ello le podemos llamar justamente ecumenismo espiritual (UR 8).

- El conocimiento fraternal de cada uno.

- La formación ecuménica de los creyentes y especialmente de los sacerdotes.

- Las conversaciones entre teólogos y la reunión de los cristianos en las varias Iglesias y comunidades.

- La cooperación entre los cristianos en los diversos tipos de servicio a la humanidad.

 

d. ¿Cómo contempla la Iglesia su relación con los cristianos no católicos?

 

Todos los hombres, por tanto, están invitados a esta unidad católica del Pueblo de Dios…A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella están destinados los católicos, los demás cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la salvación por la gracia de Dios (LG 13).

 

Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos, mediante los lazos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. No se salva, en cambio, el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, pues está en el seno de la Iglesia con el cuerpo, pero no con el corazón (LG 14).

 

La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesen la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro (LG 15). Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica (UR 3). La comunión con las iglesias ortodoxas es tan profunda que sólo falta muy poco para lograr la plenitud requerida para la celebración conjunta de la eucaristía (Pablo VI, Homilía del 14 de diciembre de 1975; véase también Catecismo 836-838).

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