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Pregunta 47:

Los Evangelios se caracterizan por su lenguaje y su contenido realmente precioso, bello y noble. Pero, ¿cómo podemos entender e interpretar los numerosos versículos que en el Antiguo Testamento contienen un mensaje violento (por ej., Dt 13,15; Ex 32,27)? (TR)

 

Respuesta: Léase la segunda parte de la repuesta a la pregunta n. 28, supra.

 

A partir del Catecismo holandés, me gustaría añadir las siguientes reflexiones. El que abre el Antiguo Testamento por sí mismo tropieza con páginas de una belleza irresistible y con otras que parecen pedregosas y áridas como escabrosos terrenos montañosos. Gran parte de la confusión que sentimos al leer el Antiguo Testamento se debe a que esperamos encontrarnos con un libro bello y edificante, un libro que nos mostrara muchas cosas buenas. Sin embargo, ya en los relatos de los patriarcas, en el libro del Génesis, se nos cuentan con toda normalidad acciones que consideramos injustas, crueles e inmorales. Quienes leemos la Biblia, deberíamos saber que no es un libro edificante, sino que refleja la realidad. Dios acompaña a una humanidad que todavía se encuentra en una situación primitiva. Sólo con el paso del tiempo se va refinando la moral o, al menos, se deja entrever una moral ideal. En la historia de Abrahán no se nos invita a hacer lo que él hace, sino a centrarnos en la visión moral general que el relato nos presenta, a saber, a ver cómo logró mantenerse fiel a Yahvé. Para leer correctamente el Antiguo Testamento se nos exige tener una visión general. Tienes que ser capaz de imaginar que otras personas hagan cosas de forma diferente a ti.

 

La interpretación no es difícil en los casos donde el propio texto claramente nos indica que se trata de una acción mala, como, por ejemplo, el pecado de Sodoma, o donde se mencionan específicamente los pecados que se cometen, como, por ejemplo, el engaño de las hijas de Lot (Gn 19). Sin embargo, hay ocasiones en las que parece que Dios está detrás del pecado, como, por ejemplo, en el engaño de Jacob (Gn 27), e incluso de forma más severa como en el exterminio de los cananeos (Jos 8). En estos casos se dice que fue el mismo Yahvé quien dio la orden correspondiente (véase respuesta a la pregunta 27, supra).

 

Sin embargo, también debemos sopesar estos casos como expresión de una cierta imperfección de tiempos primitivos. La gente no sabía nada mejor entonces o bien, para mantener adecuadamente el culto a Yahvé, tuvieron que usar los métodos propios de su tiempo y de su cultura. Aún no se habían entendido con suficiente profundidad los caminos de Yahvé. Ya era mucho lograr mantener la fidelidad a Yahvé. De las palabras de Jesús sobre el divorcio podemos deducir la imperfección y la tendencia al comportamiento erróneo que hallamos en el Antiguo Testamento. Tal imperfección se debía, como Jesús afirmaba, a la dureza de su corazón (véase también Mt 19,8). Pero no era en modo alguno la verdadera intención de Dios. Lo mismo podemos decir de las muertes que se mencionan en el libro de Josué. Respecto a éstas, la verdad es que fueron menos numerosas de lo que sugieren las cantidades referidas, y, ciertamente, bastante inferiores al número de los nativos americanos exterminados en los Estados Unidos o a los judíos masacrados por Hitler.

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