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Pregunta 66:

¿Existen actualmente o ha habido alguna vez en la historia del islam algunos movimientos que hayan admitido o admitan el valor del celibato? (AL)

 

Respuesta: El Corán se decanta a favor del matrimonio (24,32). Aunque, en general, alaba a los monjes, sin embargo, tiene sus reservas sobre el celibato (57,27). La tradición islámica también conoce el dicho en el islam no hay monjes o no existe el celibato en el islam (en la colección de hadits de Abu Dawûd). Según la tradición, Mahoma dijo a un musulmán que no quería casarse y no tenía una razón admisible que lo justificara: ¡Así que has decidido ser contado entre los hermanos del mal! O bien quieres ser un monje cristiano y deberías unirte a ellos o ser uno de los nuestros y seguir nuestro camino, y nuestro camino es el matrimonio.

 

A pesar de estas y otras expresiones semejantes, algunos ascetas o sufíes han elegido una vida célibe. Los casados, no obstante, resaltaban las ventajas del celibato y las dificultades que el matrimonio y la familia representaban para un asceta. Se comentaba que el hombre casado ve amenazada su paz interior y que tiene más dificultades en su busca del rostro de Dios por las preocupaciones familiares. Por esta razón, algunos ascetas deseaban liberarse de estos vínculos. En algunos casos llegaba a aceptarse incluso que abandonaran esposas y familia para dedicarse exclusivamente a sus devociones. De vez en cuando, numerosos musulmanes han vivido célibes durante un tiempo, lejos de sus familias, para buscar más intensamente la cercanía de Dios (taqarrub bi Allah, cf. 56,7-11; 88-94). La sura 3,45 afirma que Jesús es uno de los que estarán entre aquellos más cercanos a mí. Además, existen movimientos contemporáneos como la Tablighi Jamaat (literalmente, comunidad de predicación), un importante movimiento misionero mundial, que llama a sus miembros a dejar sus familias durante un promedio de un mes al año para viajar libremente y llevar a cabo su labor misionera.

 

Algunos ascetas entendían que dar la espalda al mundo significaba apartarse de toda compañía. En la soledad buscaban la paz que les facilitara realizar sus devociones. Estaban convencidos de que la compañía de los demás solamente les llevaría a realizar actividades exteriores y les conduciría a estar más cerca de los pecadores. En la plenitud de su vida, el asceta viviría su existencia como si estuviera solo ante Dios y como si nadie más existiera. Ciertamente, estas perspectivas y actitudes están influidas por escuelas de pensamiento preislámicas o no islámicas que son hostiles al mundo y/o al cuerpo (cf. Tor Andrae, Islamische Mystik, Kohlhammer, Stuttgart 1980, pp. 56-58; hemos sintetizado aquí en gran parte la última contribución bajo la voz asceta realizada por Th. A. Khoury en la obra editada por él, conjuntamente con Hagemann y Heine, Islam-Lexicon, vol. I,, pp. 85s.).

 

La virginidad de María, la madre de Jesús, tal como la presenta el Corán, puede ayudar a los musulmanes a entender el celibato. El Corán enseña que María, cuyo cuerpo era casto, es un ejemplo y un modelo para los creyentes (cf. 66,11-12). Jesús es un profeta y es Palabra y Espíritu de Dios; María es una temerosa de Dios, una mujer piadosa, que pertenece a quienes sirven humildemente [a Dios] (min al-qanitin, 66,12), es decir, con otras palabras, como mujer que confía completamente en el mensaje de Dios y como una mujer auténtica (siddiqa, 5,75). El Corán la describe como alguien que se retiró del mundanal ruido a un lugar solitario, donde pudo concentrarse en la oración (cf. 19,16-17). El gran colector de hadits al-Timidhi (que murió en 892) comentaba esta última referencia del Corán en los siguientes términos: A María se le pidió que viviera en un estado de oración interior o en la oración de la invocación de Dios (dhikr), al tiempo que centraba su corazón solamente en Dios. Así, él lo llenaría de a mor y su alma se vería totalmente colmada por él para protegerla. Y así impediría el decaimiento y la dispersión de los deseos piadosos de María. A María se le pidió vivir en un estado de oración y paz interior, en la búsqueda de la gloria de Dios, completamente deseosa de permanecer en él.

 

Según el Corán, Dios hace de María un modelo para todos los creyentes. Los cristianos que, como ella, mantienen su castidad, siguen su ejemplo por su misma actitud de consagración a Dios. La explicación que Al-Timidhi hace de la oración interior de María es una buena descripción de aquello a lo que aspiran e intentan seguir las congregaciones contemplativas cristianas. Otras congregaciones cristianas que se esfuerzan por ser contemplativas en la acción tienen el mismo ideal y el mismo objetivo que María. Con palabras de Timidhi: buscar sin cesar la gloria de Dios y esforzarse cuanto sea posible por mantenerse en esto.

 

Por consiguiente, podemos decir que el valor de la soltería y la virginidad elegido por razones religiosas por aquellos que intentan ir más allá de lo que la ley les exige y que luchan por conseguir el amor íntimo de Dios –aquellos de quienes dice el Corán que son min al-muqarrabin, no resulta extraño a la tradición islámica. Los primeros sufíes animaban a sus discípulos a vivir sin casarse. Algunos llegaron a considerar incluso que la soltería era un estado de vida superior al matrimonio, en cuanto que la primera está dedicada a Dios y prepara especialmente a la persona para el islam, es decir, que le ayuda a dedicarse exclusivamente a Dios. En su obra maestra Ihya ulum al-din, al-Ghazali (que murió en 1111) cita al sufí a-Darani cuando dice: La dulzura de la adoración y de la devoción ininterrumpida del corazón, que el no casado puede sentir, nunca puede sentirlo el casado (cf. Thomas Michel, The vows of religious life in an islamic context, Encounter 132 [1987]). El famoso reformador Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897) y maestro de Muhammad Abduh (1849-1905) nunca se casó. A lo largo de su activa e intensamente dinámica vida que le llevó a todos los rincones del mundo islámico, muchos discípulos y líderes que le admiraban le ofrecieron la mano de sus hijas en matrimonio. Al-Afghani siempre respondía diciendo: La umma (comunidad islámica) es mi esposa. Puede compararse esta afirmación a uno de los argumentos o motivaciones importantes del celibato cristiano: la determinación de dedicarse completa y exclusivamente a la comunidad cristiana o a la iglesia, que el creyente contempla como el cuerpo místico de Jesucristo crucificado y resucitado. No debería olvidarse que las restricciones en el campo de las relaciones sexuales forman también parte integral de algunos actos fundamentales del culto islámico. El ramadán no sólo significa abstenerse de alimento y bebida, sino también de cualquier actividad sexual durante el tiempo del ayuno. El tiempo sagrado del ihram, durante la peregrinación a la Meca (hadsch), también exige una completa, si no limitada, abstención de toda actividad sexual. Lo que queremos decir con esto es que los musulmanes se abstienen del sexo durante estos tiempos sagrados no porque lo consideren malo, degradante o indigno, sino porque Dios les ha llamado a que se nieguen esta legítima actividad para que puedan centrar su atención y sus corazones puramente en Dios.

 

En suma, podemos decir que aunque el islam resalta el valor y la bondad de la vida familiar, hay elementos en él que pueden ayudar a que los musulmanes entiendan la promesa de una vida virginal dedicada a Dios que algunos cristianos hacen. A algunos, tal vez los que tienden al debate y la controversia, les parece que esta posible opción de vida cristiana es antinatural y contraria a la revelación divina. Muchos otros musulmanes, por otra parte, sólo sienten una simple curiosidad. Les gustaría, sinceramente, comprender la motivación que subyace tras la opción cristiana por el celibato, porque sienten una natural afinidad con las personas dedicadas a Dios. Las preguntas que estos musulmanes hacen no pueden ni deben responderse a nivel puramente teórico; el ejemplo y el testimonio de una vida real dedicada solamente a Dios, según las virtudes evangélicas de la pobreza, la castidad y la obediencia, hablan con mayor claridad que las meras palabras.

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