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Pregunta 78:

En Jn 1,18 se dice que nadie ha visto nunca a Dios. Sin embargo, en el Antiguo Testamento hay varios versículos que afirman exactamente lo contrario (Gn 17,1; 18,1, Ex 6,3; 24,10; Am 9,1, etc.). ¿Cómo explicaría esta contradicción? (TR)

 

Respuesta: Leamos los siguientes versículos:

 

Jn 1,17-18: (17) Pues mientras que la ley fue dada mediante Moisés, la gracia y la verdad llegaron mediante Jesucristo. (18) Nadie ha visto nunca a Dios. Solamente el Hijo, Dios, que estaba junto al Padre, lo ha revelado.

Jn 6,46: Nadie ha visto al Padre excepto el que procede de Dios; él ha visto al Padre.

Jn 7,29: Yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado.

1 Jn 4,12: Nadie ha visto nunca a Dios. Sin embargo, si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor es llevado a la perfección en nosotros.

 

Todas estas citas de los escritos joánicos se refieren a Ex 33,20, cuyo contexto es la estancia de Moisés en el monte:

Ex 33,18-23: (18) Moisés dijo: ¡Déjame ver tu gloria!. (19) Respondió: Haré que todo mi esplendor pase ante ti y en tu presencia pronunciaré mi nombre, SEÑOR; yo que muestro mis favores a quien quiero, yo que concedo misericordia a los que quiero. (20) Pero mi rostro no puedes verlo, pues nadie me ve y sigue vivo. (21) Aquí, continuó el SEÑOR, está un lugar cerca de mí donde te colocarás sobre la roca. (22) Cuando pase mi gloria te meteré en la hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. (23) Luego apartaré mi mano para que veas mis espaldas, pero mi rostro no lo verás.

 

Comentario sobre Ex 33,20: Entre la santidad de Dios y la indignidad del hombre hay tal abismo que el hombre tendría que morir si viera a Dios cara a cara (véase Ex 19,21; Lv 16,2; Nm 4,20) o incluso con sólo oírlo (véase Ex 20,19; Dt 5,24-26; véase también 18,16). Por consiguiente, Moisés (en Ex 3,6), Elías (en 1 Re 19,13) e incluso los serafines (Is 6,2) cubren su rostro ante Yahvé. El que sigue vivo después de haber visto a Dios, experimenta el asombro más intenso que se pueda tener (Gn 32,31; Dt 5,24) o el éxtasis (Jue 6,22-23; Is 6,5). Raramente concede Dios esta gracia, Ex 24,11, como otorgó a Moisés de verle cara a cara (Ex 33,11; Nm 12,7-8; Dt 34,10) y a Elías (1 Re 19,11ss.). Ambos serán los testigos de la transfiguración de Cristo, la teofanía de la nueva alianza (Mt 17,3), y, según la tradición cristiana, serán los principales representantes de la visión mística de Dios (2 Cor 12,1ss.).

 

En la nueva alianza, la gloria de Dios se revela en Jesús (véase Ex 24,16 y Jn 1,14; 11,40). Nadie ha visto al Padre, sino solamente Jesús, el Hijo (Jn 1,18; 6,46; 1 Jn 4,12). Los seres humanos verán a Dios cara a cara solamente en la beatitud del cielo (Mt 5,8; 1 Jn 3,2; 1 Cor 13,12; véase 2 Cor 4,4-6) (Comentario extraído de The New Jerusalem Bible, Londres 1985, p. 125).

 

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