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Pregunta 79:

En Gn 11,5 leemos: El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres habían construido. ¿Es que vuestro Señor es corto de vista hasta el punto de que no puede ver desde el cielo y, por eso, tiene que bajar a la tierra? (TR)

 

Respuesta: Debemos realizar dos comentarios sobre este particular.

 

1. Los once primeros capítulos del Génesis deben considerarse como una parte independiente del resto del libro. Describen de forma popular el origen de la humanidad; de modo sencillo y gráfico, adecuado a la mentalidad de gente sin formación intelectual, declaran las verdades fundamentales en las que se fundamenta el plan de la salvación: la creación por Dios al comienzo de los tiempos, la intervención especial en la creación del hombre y la mujer, la unidad del género humano, el pecado de nuestros primeros padres, la caída del favor divino y el castigo que sus descendientes heredarían como consecuencia del pecado. Se trata de verdades que tienen su relación con la doctrina teológica y que están garantizadas por la autoridad de la Escritura; pero también son hechos, aunque no podemos conocer su naturaleza, pues se nos presentan en forma mitológica que es la que corresponde a la mentalidad de su época y a su lugar de origen (The New Jerusalem Bible, p. 11).

 

2. Los evidentes antropomorfismos que el Antiguo Testamento usa para hablar de Dios, de los que el versículo citado aquí (Gn 11,5) es uno de tantos, confunden frecuentemente al lector moderno, e incluso le resultan chocantes. Sin embargo, pueden descodificarse y comprenderse como expresión de la relación vital y proactiva de Dios con la humanidad. Estos antropomorfismos iluminan la vitalidad de Dios, lo que nosotros denominamos personalidad. La forma aparentemente humanizada de hablar de Dios y la fe se protege de las obvias malinterpretaciones, por una parte, mediante la confesión de que Yahvé trasciende el espacio y el tiempo, y, por otra, su núcleo y centralidad se ven protegidos por el modo en que los hebreos (que no habían reflexionado a fondo sobre los conceptos de espíritu y personalidad) nunca describen a Yahvé como él, yo o el ser en cuanto tal. A. Deissler comenta: Esto da expresión a las características originales de lo personal, como el conocimiento y la sabiduría, la voluntad y la libertad, y no sólo en lo que respecta al discurso, sino también en lo que se refiere al hecho de hablar de uno mismo. En este hecho, el Antiguo Testamento incluye todo lo relacionado con el actuar de Dios hacia fuera, y que, de este modo, proclama la palabra cósmica-creadora, la palabra que cambia la historia y la Palabra específicamente reveladora de Yahvé (Die Grundbtoschaft des Alten Testaments, en B. Dreher et al. [eds.], Handbuch der Verkündigung, 1, Friburgo 1970, p. 162). Véase Theodor Schneider, Was wir glauben, Patmos, Düsseldorf 1988, p. 97.

 

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