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Pregunta 89:

¿Qué significado tienen los términos ser humano y vida en la perspectiva cristiana? (TR)

 

Respuesta: Como es comprensible, se tratan de cuestiones muy amplias que no podemos desarrollar adecuadamente en esta sede, pero, no obstante, nos gustaría comentar varios aspectos.

 

1. El ser humano

 

¿Qué piensa la fe cristiana de los seres humanos? ¿Dónde reside su dignidad según el cristianismo?

 

El ser humano es creado por Dios a su imagen como espíritu y cuerpo para entrar en comunión con él. Aquí es donde se fundamenta su posición y su dignidad.

 

El ser humano es creado por Dios. A muchos de nuestros contemporáneos les resulta difícil aceptar esta proposición porque el cuerpo humano ha evolucionado a partir de animales anteriores. Ahora bien, ¿por qué no debería haber formado parte del plan creador de Dios que las mismas creaturas desarrollaran posteriormente su obra?; de hecho, les da el poder de hacerlo. Sin embargo, la iglesia afirma que cada alma es creada por Dios. A todo ser humano que viene a la vida le dice Dios: Te quiero. El padre y la madre participan en este acto creador de Dios; representan su amor. Pero todos y cada uno de nosotros es una creatura de Dios. A él le debemos toda nuestra existencia.

 

A imagen de Dios. La Biblia lo dice explícitamente en el relato de la creación de Gn 1. Lógicamente, nos preguntamos: ¿cómo somos semejantes a Dios? En nuestra primacía con respecto a todas las demás creaturas, que encuentra su expresión física en nuestra postura erguida al caminar, pero, sobre todo, en nuestro espíritu y nuestra alma, en nuestra capacidad para razonar y en nuestra soberana libertad. Si bien todo esto es cierto, no es, en cambio, lo más importante. Los seres humanos son las únicas creaturas terrenales que pueden oír a Dios y responderle. Somos compañeros de Dios. Sólo nosotros podemos agradecer a Dios toda su creación y alabar su gloria. El ser humano puede olvidar o no aceptar esta realidad, pero no puede deshacerse de ella. Permanece y se mantiene como compañero de Dios.

 

Tenemos que honrar la posición y la dignidad de los seres humanos, en nosotros mismos y en los demás, sin limitación alguna por razones de género, formación, religión o raza. Tenemos que cuidar de nuestra salud y de nuestra fama y luchar contra toda forma de humillación. Y por encima de todo, tenemos que perseguir nuestra conversación con Dios, una y otra vez.

 

El gozo más elevado de la raza humana reside en el hecho de que el mismo Hijo de Dios se hiciera ser humano. En un sentido mucho más elevado, Jesús es engendrado a imagen de Dios. Pero también quiere elevar y completar nuestra semejanza con Dios. Seremos hijos de Dios, hijos e hijas del Padre eterno. Y quiere llevarnos también a su gloria, en cuerpo y alma. Con el bautismo ya se nos está llevando a esta vida, a esta gracia de Dios que habita en nuestro interior.

 

La tarea consiste, por tanto, en hablar de la buena imagen que Dios tiene de nosotros. No debemos perder de vista quiénes somos realmente por la gracia de Dios.

 

2. La vida

 

El sentido de la vida para un cristiano se clarifica cuando miramos al misterio de la resurrección de Jesús de entre los muertos. La Pascua, la fiesta de la resurrección de Jesús el Mesías, es la fiesta de la vida. ¿En qué sentido?

 

Ya el Antiguo Testamento contempla a Dios como el viviente que crea vida. Esta es la esperanza de Israel en los tiempos proféticos. Dios no condena a la humanidad a una muerte eterna. Esta esperanza ya existía vagamente al principio, pero llegará a brillar con todo su esplendor en tiempos duros de persecución: al final de los tiempos, Dios resucitará a los muertos. Así que la resurrección de Jesús significa que han comenzado estos últimos tiempos; el reino de Dios está emergiendo y la nueva creación ha comenzado. Por esta razón se lee en la Vigilia Pascual el relato de la creación del mundo. En él se nos cuenta la primera creación. Con la resurrección de Jesús comienza la segunda creación. Nuestros ojos miran al futuro: Dios seguirá venciendo, la justicia y el amor derrotarán a la injusticia y el odio. Nosotros resucitaremos. Todo se verá transformado con la vida nueva. Todo aparecerá, incluyendo las cosas buenas que alguien haya realizado en secreto.

 

En el día de la Pascua encontramos un nuevo nombre de Dios: Dios de vida, que resucita a los muertos. Todo nuestro pensar y sentir se dirigen al futuro: Cristo ha resucitado y Dios nos elevará junto con él a la vida eterna. La muerte no tiene la última palabra, sino la vida. Dios lo garantiza. Podemos confiar en él cuando vemos que ya no podemos hacer nada más por nosotros mismos. El que cree en esto, recibe una nueva dirección en su vida. Ya no importa lo que podemos conseguir de la vida aquí y ahora, sino lo que Dios hará con nosotros. En él podemos confiar total y plenamente.

 

Ciertamente que esto no significa que los cristianos nos apartemos del mundo. Tenemos que usar nuestra energía y nuestros esfuerzos a favor de todos. Pero existe una enorme diferencia entre esforzarnos todo cuanto podamos sin esperar que el mundo mejore y estar seguros de que al final todo concluirá con la victoria de Dios. Porque con Cristo hemos vencido, podemos hacer el bien con toda confianza y aguantar el sufrimiento, sin perder nunca la esperanza. Esto es lo que significa la fe pascual (adaptación de la obra de Winfrid Henze, Glauben ist schön, Harsum 2001, pp. 51-53; 89ss.).

 

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