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Pregunta 91:

¿Por qué y cómo se hacen santos y santas a los seres humanos? (TR)

 

Respuesta: Santificar a una persona significa que el Papa declara solemnemente que los siervos de Dios han seguido el ejemplo de Cristo y han dado un excelente testimonio del reino de los cielos bien mediante el derramamiento de su sangre (los mártires) o por sus virtudes heroicas (los confesores). Al confirmar oficialmente la Iglesia la santidad de alguien, es decir, que ha ejercido heroicamente las virtudes y ha vivido en fidelidad a la gloria de Dios, también reconoce el poder del Espíritu santidad en la santificación. Fortalece la esperanza de los creyentes dándoles a los santos como ejemplos e intercesores. Esta certeza oficial justifica la veneración pública de los santos.

 

Tras la beatificación, que limita la veneración a una iglesia local, a una orden religiosa o a un país determinado, se realiza la santificación o inclusión del beato en la lista de los santos, en el canon; de ahí que a este proceso también se llame canonización. Además de la adecuada veneración por parte de los creyentes, es necesario que el beato haya realizado un milagro después de la beatificación y que tiene que certificarse mediante un proceso independiente. No existe un derecho legal a la canonización tras la conclusión exitosa del proceso. Los procesos de beatificación y canonización terminan con unas conclusiones que se someten al veredicto del Papa, que emite libremente una vez analizado el resultado del proceso, es decir, que puede confirmar o rechazar la conclusión. Las dos opciones son posibles.

 

Finalidad teológica

 

Mediante la canonización la Iglesia no reconoce fundamentalmente el esfuerzo personal realizado en el seguimiento de Cristo, aunque también lo incluye. En el contexto de una teología que no sólo tiene por objetivo la salvación del individuo, la canonización se entiende como algo más que la consecución de un nivel heroico de virtudes como un incentivo para que los demás hagan lo mismo; la canonización es el auto-reconocimiento de la iglesia, como el Vaticano II explica al tratar el punto armónico de carácter escatológico de la iglesia peregrina y su unión con la iglesia celeste (LG 48-51). Los santos no son meramente seres virtuosos, sino el cumplimiento de la promesa salvífica que Cristo hizo a su Iglesia. Cuando la iglesia reconoce a los santos se está confesando como indestructiblemente santa y confiesa también su propia historia. Por consiguiente, la santidad no es la realización del ideal abstracto de un mandamiento sobrenatural que siempre debe seguir el mismo patrón. Más bien, se expresa siempre en formas nuevas, concretas, y, por tanto, históricamente singulares, que no deben conformarse a un modelo establecido. De ahí la enorme variedad de santos, de sus respectivos temperamentos y sus diferentes historias (véase W. Schulz, Heiligsprechung, en Lexikon für Theologie und Kirche, vol. 4, Herder, Friburgo 1995).

 

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J. Prof. Dr. T. Specker,
Prof. Dr. Christian W. Troll,

Kolleg Sankt Georgen
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D-60599 Frankfurt
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